Mañana 7 de octubre se cumpliran dos meses de la posesion de Abelardo Gabriel De la Espriella Otero, 60 dias que han dado inicoio a la patria Milagro. Dos meses pueden parecer poco tiempo para juzgar un gobierno, pero en Colombia han sido suficientes para que el presidente Abelardo De La Espriella tenga que enfrentar una realidad que no admite discursos de transición: un Estado con dificultades fiscales, una economía sometida a presiones, problemas de seguridad acumulados, estructuras criminales fragmentadas, cultivos ilícitos, una crisis energética que amenaza con agravarse por el fenómeno de El Niño y, para completar el escenario, una emergencia natural de enormes proporciones.
Ese fue el país que recibió el llamado “Tigre”. De La Espriella llegó a la Casa de Nariño sin una trayectoria política tradicional. Su experiencia provenía fundamentalmente del ejercicio profesional y empresarial. Precisamente por eso, una parte de su propuesta de gobierno se construyó alrededor de una idea sencilla: administrar el Estado con criterios de autoridad, ejecución y resultados.
En seguridad, la primera señal fue inequívoca. El Gobierno ordenó a la Fuerza Pública recuperar el control territorial y estableció que las organizaciones criminales no tendrían interlocución política. En el balance oficial del primer mes se reportaron reducciones de 79 % en secuestro, 62 % en extorsión y 58 % en masacres frente a agosto de 2025. Son cifras que deben seguir siendo contrastadas y consolidadas, pero constituyen un indicador relevante para evaluar la nueva orientación de la política de seguridad.
El narcotráfico tampoco ha desaparecido. Por el contrario, la atomización de estructuras criminales representa uno de los principales desafíos. La extradición de alias “Araña” y la cooperación internacional muestran que la estrategia pretende golpear las organizaciones que operan más allá de las fronteras.
En materia energética, el Gobierno decidió anticiparse. Frente a El Niño puso en marcha el Plan Energía YA, con medidas para incentivar el ahorro y garantizar generación térmica, buscando proteger las reservas de los embalses. Y ante la emergencia eléctrica del Caribe se llevaron al Congreso recursos para atender temporalmente obligaciones del sector.
La salud también entró en la agenda inmediata. El Plan de Choque comenzó el 23 de septiembre y pretende atender a más de un millón de pacientes. Pero quizá el mayor examen llegó inesperadamente: el terremoto del 10 de agosto. El Gobierno tuvo que reaccionar con medidas extraordinarias y expidió once decretos para movilizar recursos, fortalecer a las regiones, garantizar servicios y acelerar la reconstrucción. Ahora vienen los verdaderos desafíos: ordenar las finanzas públicas, ejecutar la reconstrucción, contener el costo de la energía, recuperar plenamente la seguridad rural, enfrentar los cultivos ilícitos y lograr que la recuperación de la salud llegue efectivamente al ciudadano. Dos meses no hacen un gobierno. Tampoco lo condenan. El verdadero juicio estará en los resultados acumulados, en la capacidad de cumplir lo prometido y en la manera como el poder sea ejercido dentro de la Constitución y la ley.
El Gobierno del Tigre tiene todavía un largo camino por recorrer. Lo importante será que la intensidad de estos primeros meses se convierta en política de Estado, ejecución permanente y resultados verificables. Que el ímpetu no amaine. Que, por el contrario, crezca cada día, pero siempre acompañado de instituciones fuertes, controles democráticos y resultados para los colombianos. Porque, como ha repetido el presidente Abelardo De La Espriella:
“Estamos firmes por la patria y que viva Cristo Rey”.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo