La seguridad rural no puede convertirse en una plataforma de promoción política, ni el sufrimiento de los ganaderos en combustible para aspiraciones electorales. En Sucre, donde el abigeato golpea el patrimonio de los productores y genera incertidumbre en las comunidades rurales, preocupa que algunos dirigentes parezcan descubrir de repente una problemática que lleva años reclamando atención.
Reconocer el trabajo de la Fuerza Pública es necesario. El Ejército, la Infantería de Marina y, particularmente, la Policía Nacional, a través de la Seccional de Investigación Criminal (SIJÍN), vienen desarrollando labores importantes contra las estructuras presuntamente dedicadas al robo de ganado. Sin embargo, la libertad de varios capturados la semana pasada, en medio de cuestionamientos sobre decisiones y procedimientos judiciales, provocó indignación entre las víctimas. Posteriormente, cuatro de los ocho presuntos integrantes de la estructura fueron recapturados. Corresponde a las autoridades competentes esclarecer las circunstancias de estos procedimientos y garantizar que las investigaciones avancen con solidez, respetando la presunción de inocencia y los derechos de todas las partes.
La seguridad no se resuelve únicamente con capturas, estas son importantes. pero: exige investigación rigurosa, coordinación institucional, judicialización efectiva y presencia permanente en el territorio.
Pero ahora hay otro problema que merece especial atención: la repentina politización de la inseguridad rural.
A una reunión convocada en un municipio de Since para socializar la estrategia de Seguridad y Apoyo al Gremio Ganadero (SAGG), se presento (sin ser invitado o estar incluido en la agenda) un miembro de la DUMA departamental cuya actuación, por su tono y protagonismo, llamó la atención. Se lo dije a el mismo, no politice la crisis de seguridad del sector rural. El día de hoy recibí de parte de el mismo, un video por mensaje de WhatsApp donde se hace “doliente de las victimas del abigeato” Y surgió una pregunta inevitable: ¿por qué ahora?
¿Dónde estaba esa misma vehemencia cuando los ganaderos denunciaban el robo de sus animales, el carneo en sus predios, las amenazas y las pérdidas económicas los últimos años? ¿Dónde estaban esos discursos cuando los productores reclamaban acompañamiento institucional y resultados? Casos como el de plaza pela de la familia Maury (28 reses), Adanies Mendoza en Majagual (26), Julio de la Ossa (30 y 35, porque fueron dos veces este año, para solo mencionar algunos casos entre tantos)
No se trata de cuestionar el derecho de ningún dirigente a participar en reuniones o solidarizarse con las víctimas. Se trata de exigir coherencia y ante todo respeto entre el discurso público y la trayectoria. La cercanía de una temporada electoral hace legítimo preguntarse si determinadas apariciones responden a un compromiso sostenido o a una oportunidad de protagonismo. La respuesta, sin embargo, debe establecerse a partir de hechos verificables, no de simples sospechas.
El problema es que la solidaridad pierde credibilidad cuando parece depender de la conveniencia política y de la presencia de las cámaras.
El cuatrero no pregunta por quién vota el ganadero antes de entrar a una finca. La delincuencia no distingue colores partidistas. Por eso, convertir la seguridad en escenario de disputas electorales resulta irresponsable frente a una comunidad que necesita soluciones, no espectáculos.
Los ganaderos no necesitan padrinos políticos ni defensores de ocasión. Necesitan protección, canales efectivos de denuncia, investigación criminal, acompañamiento institucional y resultados judiciales. Necesitan que la seguridad rural permanezca en la agenda pública cuando terminen las reuniones, desaparezcan las cámaras y pase la coyuntura electoral.
También merecen una reflexión quienes hoy levantan las banderas de la autoridad y la seguridad, pero cuya trayectoria pública debe examinarse con la misma exigencia que sus discursos actuales. La memoria ciudadana no puede limitarse al último video difundido en redes sociales. La credibilidad se construye con actuaciones consistentes, gestiones comprobables y compromiso permanente. Siempre habrá quienes integren el comité de aplausos, celebren cada intervención y confundan protagonismo con resultados. Pero el aplauso de unos pocos no sustituye las necesidades de la mayoría de los productores rurales.
La seguridad no tiene partido ni dueño. Es una responsabilidad del Estado y un compromiso de toda la sociedad. Aquí lo que menos hace falta son politiqueros. Por eso, la pregunta que queda planteada es sencilla: ¿la preocupación por los ganaderos de Sucre nace de una verdadera vocación de servicio o aparece justo cuando la coyuntura ofrece dividendos políticos?
Que cada ciudadano evalúe las actuaciones y saque sus propias conclusiones. A los dirigentes les corresponde demostrar con hechos la sinceridad de sus compromisos. Sucre necesita menos politiquería y más seguridad; menos protagonismo y más gestión; menos discursos para las redes sociales y más resultados en el campo.
Porque la seguridad rural no es un botín electoral, las víctimas no son utilería política y los ganaderos no están para aplaudir actuaciones: están esperando soluciones.