Hay momentos en la vida en los que uno comprende que ver no es simplemente una función de los ojos. Ver también es recuperar tranquilidad, reencontrarse con los detalles, volver a disfrutar los rostros queridos y descubrir que aquello que parecía perdido puede volver a estar frente a nosotros con una nitidez extraordinaria.

Hoy quiero hablar de una mujer que, desde la medicina, ha hecho posible que muchos pacientes volvamos a mirar la vida de otra manera. Su nombre es Tatiana María Vélez Osorio, médico oftalmóloga, especialista en retina y vítreo. Pero esta columna no pretende limitarse a enumerar sus credenciales profesionales. Quiero hablar de algo que, para un paciente, tiene un valor enorme: la calidad humana de quien lo atiende.
Hace aproximadamente un año, mi visión era prácticamente nula. Durante mucho tiempo padecí cataratas. Primero fue el ojo izquierdo y posteriormente el derecho. La situación había llegado a un punto en el que recuperar una visión adecuada dejó de ser simplemente una aspiración y se convirtió en una necesidad para mi vida cotidiana. Entonces aparecieron las decisiones médicas, los procedimientos y, también, esa inevitable incertidumbre que acompaña a quien deposita algo tan valioso como su visión en las manos de un especialista. Fueron dos cirugías. Una en cada ojo. Y hoy puedo decir, con absoluta gratitud, que ambas fueron realizadas a la perfección. Después llegaron los controles. Uno, otro y otro más. Tres, cuatro consultas de seguimiento en las que la evolución ha sido absolutamente positiva. Cada revisión ha significado para mí una confirmación: hoy veo nítidamente.

Pero hay algo más que quiero destacar. La doctora Tatiana no es de esas profesionales que atienden, formulan, entregan una indicación y despiden al paciente para pasar al siguiente. Su ejercicio de la medicina en su especialidad como oftalmóloga tiene otro componente: el trato humano. Y eso se siente. El paciente no quiere únicamente un diagnóstico acertado. También necesita sentirse escuchado, recibir una explicación comprensible, encontrar serenidad cuando aparecen los temores y saber que quien está al otro lado del escritorio entiende que detrás de cada consulta hay una persona y una historia. Ahí está, precisamente, una de las grandes virtudes de la doctora Tatiana María Vélez Osorio y su equipo de trabajo, Su alta calidad profesional y su experiencia adquieren todavía mayor valor cuando están acompañadas de sensibilidad y respeto por el paciente.
Por eso esta columna no es una reseña médica. Es un agradecimiento. Tatiana María, hoy quiero decirte públicamente: gracias. Gracias a Dios por el don que te concedió y gracias a ti por poner ese conocimiento al servicio de quienes necesitan recuperar algo tan maravilloso como la capacidad de ver. Mi caso es solamente uno entre tantos pacientes que pasan diariamente por tus manos. Pero para mí es suficiente para comprender la dimensión de tu trabajo.

Hace un año mi problema de visión me mantenía huraño e impotente en mi activida profesional, en verdad veía muy poco de lejos, se me dificultaba leer y como abogado y periodista que soy, eso es muy grave. Hoy puedo mirar con claridad. Puedo leer, observar, reconocer rostros y disfrutar nuevamente esos pequeños detalles que alguna vez estuvieron escondidos detrás de una visión deteriorada. Y eso, para quien lo ha padecido, no tiene precio. Que Dios te bendiga. Que continúen los éxitos en tu carrera y que nunca pierdas esa calidad humana que hace que un paciente no salga simplemente atendido, sino agradecido.

Hoy la visión de “Visión Global Digital está mejor que nunca”. Y esta columna, con profundo afecto y gratitud, está dedicada a ti. Muchas gracias, doctora Tatiana María Vélez Osorio.