El Señor mayor Hernan Darío Padilla entrega el mando de Carabineros en Sucre al Señor capitán Jorge Fernando Ferrer Goenaga, en momentos en que el campo reclama una ofensiva sostenida contra el abigeato y el carneo. Agradecimientos mil al Mayor Padilla, éxitos y Bendiciones en su nueva destinación.

Hay relevos institucionales que hacen parte de la dinámica normal de la Fuerza Pública, pero algunos ocurren en momentos particularmente sensibles para una región. El cambio de comandante de la Seccional de Carabineros y Protección Ambiental del Departamento de Policía Sucre es uno de ellos. Después de 18 meses al frente de esta unidad, el mayor Hernan Dario Padilla Zambrano entrega el mando, por disposición del mando institucional, al capitán Jorge Fernando Ferrer Goenaga.
Desde el sector ganadero de Sucre corresponde comenzar por un acto de gratitud: Gracias, Mayor Padilla. Durante su permanencia en el departamento, el oficial mantuvo una actitud de apertura frente a los requerimientos de los productores. Estuvo dispuesto a escuchar, atender situaciones, acompañar solicitudes y conocer de primera mano las dificultades que enfrenta el campo sucreño en materia de seguridad. No es poco. Para un ganadero que ha sufrido el robo de sus animales, que ha encontrado un semoviente sacrificado en su propio potrero o que ha visto amenazado el fruto de años de trabajo, encontrar una institución dispuesta a escuchar representa un elemento fundamental para recuperar la confianza.

El Mayor Padilla deja una gestión que merece reconocimiento y un territorio que ahora recibe a un nuevo comandante. Al capitán Jorge Fernando Ferrer Goenaga, bienvenido a Sucre. Su hoja de servicio llega acompañada de experiencia. Procede de la Seccional de Carabineros del Cesar, cuenta con formación como carabinero y curso de guía canino, y ha ejercido responsabilidades como comandante del EMCAR del Magdalena Medio y subcomandante del EMCAR del Norte de Santander.

La llegada del Capitan Jorge Ferrer se produce además, en un momento que Sucre exige resultados. El abigeato y el carneo continuan golpeando al sector rural de este y de otros departamentos de la región Caribe. La semana pasada se produjeron una serie capturas relacionadas con una estructura dedicada al abigeato. El resultado es importante, pero la lucha no termina con una captura. Ahora viene lo más difícil: mantener la presión institucional, fortalecer la inteligencia, perseguir las estructuras criminales y evitar que quienes sustituyan a los capturados continúen convirtiendo el campo en territorio de miedo. Para ello será indispensable una verdadera articulación entre Policía, Ejército, Fiscalía, autoridades municipales y departamentales, gremios y productores.

La estrategia de los grupos SAGG (seguridad y apoyo al gremio ganadero) debe seguir siendo un espacio de coordinación, comunicación y confianza. Pero hay una verdad que también debemos decir con responsabilidad: la seguridad rural no puede depender exclusivamente de la presencia permanente de un uniformado en cada finca. Eso, sencillamente, no es posible.
El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad y combatir el delito, pero el propietario rural también tiene responsabilidades de prevención y autoprotección. Cámaras, iluminación, revisión de cercas y potreros, control de accesos, verificacion de natecedentes del recurso humano o equipos de trabajo, comunicación entre vecinos, identificación de movimientos sospechosos y denuncia oportuna son herramientas que pueden contribuir a cerrarles espacios a los delincuentes. La seguridad se construye entre todos. La seguridad no tiene dueño, personas, gremios, es responsabilidad de todos y obligación de todos también.
Al mayor Hernan Dario Padilla Zambrano le queda el reconocimiento sincero de los ganaderos del departamento por estos 18 meses de servicio y disposición. Al capitán Ferrer, el saludo , una cordial bienvenida mas una invitación: trabajemos juntos. El campo no está pidiendo privilegios. Está reclamando condiciones para producir, vivir y trabajar en paz.
El nuevo comandante tiene ante sí una misión compleja, pero también una oportunidad extraordinaria: demostrar que la seguridad rural puede fortalecerse cuando las instituciones y la comunidad dejan de caminar por caminos separados y empiezan a recorrer el mismo territorio. Porque mientras un ganadero duerme intranquilo por sus animales, el campo tampoco duerme tranquilo. Y Sucre necesita que esta nueva etapa comience con la guardia arriba, los ojos abiertos y la decisión firme de no cederle un solo palmo de territorio al delito.