La discusión entre lácteos enteros y descremados suele reducirse a una idea simple: menos grasa es siempre mejor. La realidad es más matizada, ya que la grasa láctea también aporta vitaminas liposolubles y saciedad.
La recomendación general de los nutricionistas es elegir según el contexto de cada persona (actividad física, objetivos de salud, recomendación médica) y no asumir que una sola opción es universalmente superior.