Hay discursos que se quedan en los salones de conferencias y hay políticas que tienen la obligación de salir de ellos para transformar la vida de la gente. La diferencia está en los resultados. Y ese es, precisamente, el desafío que tiene por delante la llamada “Misión Crecer”, la estrategia económica que el vicepresidente José Manuel Restrepo está llevando esta semana a Nueva York como una de las cartas de presentación del gobierno del presidente Abelardo de la Espriella. La escena tiene significado político y económico: Colombia llega a la Semana de Alto Nivel de las Naciones Unidas no solamente a hablar de diplomacia, sino también a decirle al mundo empresarial que quiere volver a ser un destino atractivo para la inversión. Restrepo presentó ante cerca de 40 altos ejecutivos convocados por el Council of the Americas una hoja de ruta que pone sobre la mesa seguridad jurídica, simplificación del Estado, infraestructura, talento, tecnología y un portafolio de proyectos estratégicos. Y aquí aparece una palabra que durante años ha sido repetida por gobiernos de distintas tendencias, pero que pocas veces logra materializarse con la velocidad que reclama el país: crecimiento.
La meta planteada por el Gobierno es ambiciosa: llevar el crecimiento del PIB al 6 %. Para conseguirlo, la estrategia contempla cuatro grandes frentes: incentivos y estabilidad jurídica para la inversión, un banco de proyectos estratégicos, eliminación de normas y trámites que obstaculicen la actividad productiva y mecanismos para movilizar el ahorro hacia la inversión. Sobre el papel, suena lógico. Colombia necesita inversión. Necesita infraestructura. Necesita empleo formal. Necesita productividad. Necesita que el capital encuentre reglas claras y que el Estado deje de convertirse en una carrera de obstáculos para quien quiere producir, contratar, exportar o emprender. Pero una columna de opinión también tiene que hacer la pregunta incómoda: ¿cómo se convierte una buena presentación en resultados concretos? Porque atraer inversionistas no consiste solamente en mostrarles diapositivas en Nueva York. Hay que convencerlos de que Colombia ofrece seguridad jurídica, estabilidad institucional, infraestructura suficiente, talento humano y condiciones para que sus inversiones puedan desarrollarse durante años.
Ahí estará el verdadero examen de la Misión Crecer.

El Gobierno ha anunciado además un portafolio de 176 proyectos que, según información divulgada durante la agenda internacional, representa oportunidades potenciales superiores a los US$150.000 millones en sectores como energía, infraestructura, turismo, agroindustria, tecnología y minerales críticos. La cifra impresiona. Pero Colombia no necesita únicamente cifras impresionantes: necesita proyectos ejecutados, empleos formales, carreteras terminadas, energía confiable, turismo creciendo, empresas produciendo y regiones recibiendo inversión. Y hay otro elemento que merece atención: la inteligencia artificial.
El Gobierno plantea utilizar esta tecnología tanto para fortalecer el talento humano como para avanzar en la modernización y simplificación del Estado. Es una apuesta que conecta la agenda económica con una transformación que ya está modificando la manera de producir, educar, administrar y competir en el mundo. También resulta relevante la agenda con República Dominicana. Restrepo sostuvo una reunión bilateral con el presidente Luis Abinader y, según ProColombia, se identificaron oportunidades para incrementar la inversión turística y el flujo de visitantes entre ambos países.
Pero volvamos a Colombia. Porque mientras en Nueva York se habla de minerales críticos, inteligencia artificial, inversión internacional y grandes proyectos, en las regiones todavía hay empresarios preguntándose cuánto demora un trámite, cuánto cuesta cumplir una norma, cuándo llega una carretera, cómo se garantiza la seguridad de una inversión y qué tan predecibles serán las reglas del juego. Ese contraste será determinante. La Misión Crecer puede convertirse en una política económica de largo alcance si consigue superar la tentación de ser simplemente otro programa con nombre atractivo. Para ello necesitará indicadores públicos, cronogramas, responsables, seguimiento y resultados verificables. La política económica, al final, no se mide por el entusiasmo de una presentación sino por el comportamiento de la economía.
El presidente De la Espriella ha puesto en manos de su vicepresidente una tarea de enorme responsabilidad: coordinar esfuerzos de múltiples ministerios y convertir la meta del 6 % en una ruta de ejecución. El propio Restrepo ha insistido en que la estrategia articula al Gobierno, al sector privado, la academia y la ciudadanía. Ahora viene lo difícil. Nueva York escucha. Los inversionistas observan. Colombia espera. Y el país no necesita otra misión que termine archivada en una oficina ministerial. Necesita una misión que crezca en los indicadores, en las empresas, en el empleo, en las regiones y, sobre todo, en las oportunidades de millones de colombianos. Porque si la promesa es una Economía Milagro, como la ha denominado el Gobierno, el verdadero milagro no será anunciarla.
Será verla funcionando.
