Si el vallenato es un género literario, como lo ha dicho con certeza Juan Gossaín, su vida es una de las más auténticas crónicas del Caribe colombiano. Nacido el 17 de enero de 1949 en San Bernardo del Viento, Córdoba, este maestro de la palabra ha construido su legado entre la tinta del periodismo, la musicalidad de la literatura y el compás nostálgico de la historia. Hijo de inmigrantes libaneses, Gossaín aprendió desde niño que la oralidad era el alma de su pueblo y que contar historias no era un simple acto de recreación, sino una forma de conservar la memoria.

Su pasión por el periodismo nació desde su adolescencia, cuando enviaba crónicas a El Espectador desde su pueblo natal, con una prosa tan genuina como el mar que rodeaba su infancia. En 1971, con la certeza de que su destino estaba en las letras, se trasladó a Bogotá para trabajar en ese diario, y luego pasó ocho años en El Heraldo de Barranquilla, donde terminó de afinar su estilo. Aunque estudió Contaduría Pública, nunca ejerció la profesión porque entendió que su verdadera vocación era narrar la vida.
La pluma que dirigió la radio. En 1984, Gossaín asumió la dirección de noticias de RCN Radio, convirtiéndose en una de las voces más influyentes del periodismo colombiano. Durante 26 años, no solo relató la historia del país, sino que la interpretó con una sensibilidad que pocos han logrado igualar. Su voz pausada y su verbo elocuente fueron testigos de guerras y acuerdos, de crisis y victorias, de injusticias y esperanzas. Y, cuando consideró que ya había contado lo suficiente desde los micrófonos, decidió retirarse en 2010 para instalarse en Cartagena, la ciudad que lo acoge en su descanso sin apartarlo del todo de la escritura.
Desde su refugio cartagenero, Gossaín sigue tejiendo relatos, investigando el lenguaje y participando en debates sobre la identidad colombiana. En 2022, fue nombrado miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua, un reconocimiento más a su impecable manejo del español y a su contribución en la defensa de nuestro idioma.
Un hombre de historias y amigos. Pero Gossaín no solo ha sido un gran periodista y escritor, sino también un puente entre la literatura, la música y la política. Su amistad con Gabriel García Márquez y Rafael Escalona es el mejor reflejo de su amor por la cultura caribeña. “Colombia tiene que entender que los creadores del realismo mágico en nuestro país son Escalona y García Márquez”, dijo en el Carnaval de las Artes de 2022, afirmando que ambos fueron los verdaderos pioneros de la narrativa del Caribe colombiano.
Su relación con García Márquez trascendió la admiración mutua: compartieron tertulias, risas y anécdotas que hoy parecen sacadas de una de sus novelas. Y con Escalona, el más grande juglar vallenato, entendió que la música y la literatura eran hermanas inseparables. Por eso, cuando Gossaín dice que el vallenato no es un género musical, sino un género literario, lo hace con el peso de quien ha vivido el arte en todas sus dimensiones.
El vallenato de las palabras. Si el vallenato es literatura, entonces Gossaín es uno de sus más grandes cronistas. Sus libros (La mala hierba, La balada de María Abdala, Puro cuento, Las palabras más bellas no son otra cosa que vallenatos escritos con la cadencia de un poeta que aprendió a narrar con el ritmo de los acordeones. Su pluma es una caja vallenata que guarda las voces de un país que, entre alegrías y desgracias, nunca ha dejado de contar sus propias historias.
Hoy, Juan Gossaín disfruta de su retiro en Cartagena, pero sigue siendo el periodista lúcido, el escritor incansable, el contador de historias que ha hecho de la palabra su hogar. Porque, al final, su vida misma es un vallenato eterno: una canción cargada de nostalgia, amor y realidad, donde las letras son el acordeón que nunca deja de sonar.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo