Hace unos días hablaba con mi buen amigo el Dr Jens Mesa, quien por muchos años fue Presidente de Fedepalma, sobre algunas dificultades pero también sobre los retos que enfrenta la coyuntura actual del sector agropecuario colombiano. Sin lugar a dudas que la disponibilidad, la capacidad de la mano de obra y el nivel de tecnificación de nuestro campo ocuparon un lugar principal en esa conversación.
Para nadie es un secreto las dificultades y el atraso en esos aspectos. Estadísticas de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) indican que el sector agropecuario ocupa el segundo lugar en generación de empleo con más de 3.4 millones de personas ocupadas. Esas estadísticas muestran también que cerca del 44 % de esos empleos son personas con edad superior a los 45 años y cerca del 25 % tienen edades inferiores a 25 años. En su mayoría además son personas que no cuentan con una educación al menos técnica para la realización de las labores del campo. Nuestro campo se envejeció; dejo de ser atractivo para los jóvenes.
Paralelo a ello los niveles de tecnificación del campo colombiano son mucho menores que los de otros países de la región. La agricultura de precisión empieza a entrar tímidamente en el campo. Nuestro parque de maquinaria agrícola es decir tractores, implementos, drones y otros equipos prácticamente está reservado para grandes productores con disponibilidad de capital y conocimiento que le permiten su uso y los existentes en su gran mayoría tienen una edad avanzada lo que disminuye notablemente la productividad de su utilización.
Pero ante una debilidad se abre una oportunidad. Las condiciones actuales de la tasa de cambio permiten pensar en la renovación y aumento del parque de maquinaria agrícola nacional. Mantener la exoneración de aranceles para aquella maquinaria y equipos que no se producen en Colombia es fundamental. Revisar la aplicación del IVA. Fortalecer los procesos asociativos de pequeños y medianos productores para generar economías de escala en su adquisición y su utilización y la definición de una línea de crédito especial con Incentivo a la capitalización rural y tasa subsidiada son acciones que desde el Ministerio de Agricultura pueden realizarse para dar el salto que el campo colombiano necesita.
El Agro colombiano debe trabajar muy duro para incrementar la productividad de la mano de obra empleada si quiere sobrevivir a la presión del aumento de los salarios y la revaluación de la moneda. Con investigación y conocimiento hay que liderar una revolución en todos los puestos de trabajo, incorporando el conocimiento y la tecnología existente en otros lugares del mundo, cuya mano de obra es más costosa y ya incorporaron mayor tecnificación y mecanización para trabajar el campo y así poder competir. Una mayor tecnificación del sector permitirá suplir las dificultades en disponibilidad de mano de obra que hoy se presentan, pero además aumentar los niveles de capacitación de esa mano de obra.
Solo con un agro más competitivo y tecnificado habrá crecimiento sostenible, mayor productividad y generación de empleos nuevos para ocupar a quienes fueron desplazados por esos cambios tecnológicos y también para ocupar a más colombianos. Sin lugar a dudas Jens y yo coincidimos que con esas condiciones además de sustituir el déficit de mano de obra podremos tener un campo más atractivo para las nuevas generaciones de colombianos. Estamos seguros que se llegó la hora de impulsar la revolución de las máquinas en el campo colombiano