La ganadería del Caribe colombiano vuelve a quedar frente a uno de sus mayores adversarios: el clima extremo. Esta vez no se trata únicamente de una temporada seca más intensa, sino de un fenómeno de El Niño que, según el IDEAM, continúa fortaleciéndose y presenta una probabilidad superior al 90 % de alcanzar condiciones muy fuertes durante el último trimestre de 2026 y el primero de 2027.
Los números explican mejor que cualquier discurso la dimensión del problema. El más reciente consolidado de Fedegán, con información entre el 1 de junio y el 21 de septiembre de 2026, registra 19.030 bovinos muertos, 511.604 desplazados y 3.424.829 hectáreas afectadas por el verano en los territorios incluidos en el seguimiento. Las pérdidas económicas preliminares ascienden a $95.065 millones.
En Sucre, el panorama resulta particularmente preocupante: 3.218 animales muertos, 61.187 desplazados y 422.642 hectáreas afectadas en los 26 municipios. Es decir, aproximadamente 17 % de los bovinos muertos registrados nacionalmente corresponden a Sucre, mientras que cerca del 12 % de los animales desplazados también se concentran en este departamento. La dimensión territorial es todavía más reveladora: las hectáreas afectadas en Sucre equivalen a aproximadamente 12,3 % del total nacional reportado por Fedegán. Esto significa que el problema no está limitado al ganado: compromete directamente la capacidad futura de producir carne y leche. Y aquí aparece un elemento estratégico. Córdoba tampoco puede analizarse aisladamente. El departamento viene de enfrentar una fuerte emergencia por inundaciones que, según Fedegán, llegó a afectar a más de 8.000 predios ganaderos y cerca de 500.000 animales. La paradoja climática es evidente: primero exceso de agua y posteriormente déficit hídrico.
Para el productor, esta alternancia es quizás más peligrosa que la sequía por sí sola. Pasturas deterioradas, menor disponibilidad de agua, pérdida de condición corporal, reducción de producción de leche, movilización de animales y mayores costos de alimentación terminan golpeando simultáneamente el inventario, la productividad y el flujo de caja. El dato más inquietante es que la emergencia todavía no puede considerarse cerrada.
El IDEAM advierte que El Niño podría persistir hasta febrero de 2027 con una probabilidad cercana al 100 %, según el pronóstico citado por el propio instituto. Por eso, Sucre y Córdoba necesitan mirar más allá de la emergencia inmediata. Reservorios, cosecha de agua, recuperación de pasturas, bancos de forraje, sistemas silvopastoriles, planificación de cargas animales y asistencia financiera dejan de ser alternativas para convertirse en instrumentos de gestión del riesgo ganadero. El mensaje estadístico es contundente: cuando muere un bovino no solamente desaparece un animal; se pierde capital productivo. Cuando se deteriora una hectárea, se compromete la capacidad de sostener el hato mañana. El Niño no solo está secando potreros. Está poniendo a prueba la capacidad de adaptación de toda la ganadería caribeña.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo