Hay leyes que nacen para regular conductas, crear instituciones o establecer obligaciones. Y hay otras que cumplen una función distinta, pero no menos importante: preservar la memoria colectiva de una nación. En esa categoría entra la recién sancionada Ley 2634 del 22 de septiembre de 2026, “Ley Bartolo”, mediante la cual la Nación se vincula a la conmemoración de los 250 años de Titiribí, Antioquia, rinde homenaje a sus habitantes y exalta a la Mula de Silla como emblema de su cultura arriera. La norma fue publicada en el Diario Oficial No. 53.635. El asunto, visto superficialmente, podría parecer apenas una celebración municipal. Jurídicamente, sin embargo, tiene mayor alcance.

La ley incorpora a Titiribí dentro de una narrativa de protección y promoción de su valor histórico y cultural como depositario de la tradición arriera. El trámite legislativo comenzó con el Proyecto 172 de 2025 Senado y 523 de 2026 Cámara, iniciativa que tuvo origen en el Senado y fue estudiada por las comisiones constitucionales correspondientes. La llamada Mula de Silla deja así de ser únicamente un elemento de la tradición rural de Antioquia para convertirse, por disposición legal, en un referente de la identidad cultural arriera de Titiribí. Y aquí está lo verdaderamente importante. La norma contempla mecanismos institucionales para que el Gobierno nacional, a través del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, pueda incorporar en su banco de proyectos iniciativas relacionadas con la celebración y con la exaltación de esta tradición. También contempla programas y medidas de promoción y protección, así como acciones desde el Ministerio de Agricultura para fomentar y proteger la Mula de Silla.
Esto abre una posibilidad que va mucho más allá de colocar una placa conmemorativa o realizar una celebración de aniversario. Puede convertirse en turismo cultural, investigación, formación, emprendimiento rural, conservación de saberes tradicionales y transmisión de conocimientos entre generaciones. La ley también autoriza la producción de un documental sobre la historia de Titiribí y su relación con la Mula de Silla, mediante el Ministerio TIC y RTVC, con difusión por los medios públicos. Pero existe un componente que merece especial atención: el bienestar animal. Las actividades relacionadas con la tradición arriera deberán desarrollarse bajo criterios de protección y bienestar animal, incluyendo condiciones adecuadas de cuidado, hidratación, manejo, descanso y transporte, y evitando prácticas que impliquen maltrato o riesgos para los animales. Paralelamente, se plantea promover un turismo cultural y rural sostenible.
Ese punto resulta fundamental para el futuro. La preservación de una tradición no significa congelarla en el pasado. Significa adaptarla a las exigencias jurídicas, ambientales y éticas del presente, sin destruir aquello que se pretende proteger.
La Ley 2634, además, no debe interpretarse como una autorización automática para que cualquier actividad cultural genere nuevos gastos al Estado. El texto legislativo establece que las acciones previstas deben desarrollarse dentro de los programas y presupuestos existentes de las entidades competentes, sin generar por sí mismas una erogación adicional para el Tesoro Público. Ese detalle es esencial. El verdadero desafío comienza ahora. Una ley no preserva por sí sola una cultura. Lo hacen las instituciones cuando ejecutan sus competencias, los campesinos cuando transmiten sus conocimientos, los criadores cuando conservan sus prácticas, los jóvenes cuando encuentran razones para continuar la tradición y las autoridades cuando convierten el reconocimiento jurídico en políticas culturales sostenibles.
Titiribí tiene, desde el 22 de septiembre de 2026, una herramienta jurídica nueva para proyectar su identidad. La Mula de Silla puede convertirse en un símbolo de turismo rural, patrimonio vivo y economía cultural, siempre que el reconocimiento legal vaya acompañado de investigación, educación, protección animal y oportunidades reales para las comunidades. Porque preservar la cultura arriera no significa simplemente recordar cómo fue Colombia. Significa impedir que una parte de lo que fuimos desaparezca mientras construimos lo que seremos. La Ley 2634 ya está vigente desde su sanción y publicación en el Diario Oficial. Ahora comienza la etapa verdaderamente importante: hacer que la ley se convierta en patrimonio vivo y no simplemente en una página más del Diario Oficial.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo