Si por Sucre llueve, en el Magdalena no escampa. La frase, que podría parecer una simple expresión popular, adquiere hoy un significado doloroso para quienes viven de la ganadería y ven cómo el abigeato sigue golpeando al campo de la región Caribe.
Imagenes fuertes pero es la realidad del ganadero en Salamina.
Esta vez la preocupación llega desde Salamina, Magdalena, donde un nuevo hecho de inseguridad afecta directamente a un productor ganadero de la zona rural. El caso ocurrió en una finca ubicada sobre la vía que conduce al corregimiento de Guaimaro, donde, según la información conocida, fueron hurtadas tres reses que posteriormente habrían sido sacrificadas. No se trata solamente de tres animales. Detrás de cada res hay inversión, trabajo, tiempo, alimentación, vigilancia y el esfuerzo de familias que durante años han construido su patrimonio en medio de las dificultades propias del campo. Para un ganadero, perder animales de esta manera significa mucho más que una pérdida económica: representa la sensación de vulnerabilidad de quien trabaja mientras otros esperan la oportunidad para apropiarse de lo ajeno. El caso de Salamina vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no puede analizarse de manera aislada. El abigeato está afectando distintos territorios de la Costa Caribe y exige respuestas coordinadas de las autoridades civiles, militares y de Policía, así como de la Fiscalía General de la Nación.
En Sucre, durante las últimas semanas, productores han denunciado robos de ganado, sacrificio clandestino y movimientos sospechosos de semovientes. Ahora el Magdalena vuelve a aparecer en el mapa de esta problemática. Y cuando los casos comienzan a repetirse en departamentos vecinos, la pregunta deja de ser únicamente quién cometió el último hurto y pasa a ser cómo están operando estas redes y qué capacidad existe para anticiparse a ellas. El llamado de los ganaderos de Salamina es concreto: investigación, presencia institucional y seguridad en las zonas rurales. La respuesta también debe ser concreta.
No basta con recuperar algunos animales después de que el delito ocurrió. Se necesita fortalecer los mecanismos de prevención, mejorar los controles sobre el transporte y comercialización de ganado, verificar la procedencia de los semovientes y garantizar que las denuncias conduzcan a investigaciones capaces de identificar a los responsables.
El campo no puede convertirse en territorio de oportunidad para quienes delinquen.
Los ganaderos necesitan sentir que pueden trabajar de noche o de día sin vivir bajo la amenaza permanente de perder el fruto de su esfuerzo. Y las autoridades necesitan entender que combatir el abigeato también significa proteger el empleo rural, la economía regional y la seguridad alimentaria. Lo ocurrido en Salamina debe ser investigado hasta establecer responsabilidades. Tres reses hurtadas y sacrificadas no pueden convertirse en una estadística más. Porque si por Sucre llueve, en el Magdalena no escampa. Y mientras en distintos rincones de la Costa Caribe los ganaderos siguen contando sus animales con preocupación, la lucha contra el abigeato reclama algo más que discursos: presencia, prevención, investigación y resultados. Y ahora, quien defendernos ayudarnos?
Por Silverio Jose Herrera Caraballo