Un audio puede convertir una fanfarronada en noticia. A alias Keko, señalado por las autoridades como presunto jefe de zona de Los del Freseo, ya lo conocían algunos por una frase que circuló en redes: “no comía de Tigre ni de gato”. La madrugada del 16 de octubre, durante la Operación Blindaje 360, quedó bajo custodia. Frente al presidente Abelardo de la Espriella, intentó restarle importancia a sus palabras: dijo que lo había dicho “por joder” y que estaba “firme por la patria”. La respuesta del mandatario fue inmediata: “Bienvenido a la patria, milagro; así es que se doma a un bandido”. La escena tuvo todos los ingredientes para viralizarse: un audio desafiante, un operativo de madrugada y un presidente cara a cara con un capturado. Pero detrás del momento para las cámaras hay un problema que no se resuelve con una frase contundente: la violencia y la disputa territorial que golpean a Barranquilla.

La Operación Blindaje 360 desplegó a 587 integrantes de la Policía y el Ejército. El primer balance, divulgado hacia las 4:00 a. m., reportó 56 capturas y 34 allanamientos. Más tarde, la Policía Metropolitana informó que el resultado final ascendió a 72 capturados y 50 allanamientos. Las autoridades reportaron incautaciones de armas, drogas, celulares y vehículos. El operativo apuntó contra presuntos integrantes de estructuras como el Clan del Golfo, Los Costeños, Los Pepes, Los del Freseo y Los Porteños.
La magnitud del despliegue refleja la dimensión del desafío. La Defensoría del Pueblo ha alertado sobre las disputas entre grupos armados, las amenazas, las restricciones a la movilidad y los homicidios asociados al control territorial en la región. La captura de presuntos cabecillas puede afectar a esas organizaciones, pero la seguridad no se mide solo por el número de detenidos en una madrugada: también por si bajan la extorsión, los asesinatos y el miedo que condiciona la vida cotidiana. El presidente tiene el deber de dirigir la política de seguridad; convertir la confrontación con un detenido en espectáculo es una decisión política que también merece escrutinio. La frase “así se doma a un bandido” puede sonar firme ante las cámaras, pero en un Estado de derecho no se trata de “domar”: se trata de capturar con garantías, presentar pruebas y dejar que la justicia decida.
Keko podrá explicar ante un juez qué quiso decir con su audio. Las autoridades deberán probar los señalamientos en su contra y respetar el debido proceso. La ciudadanía, entretanto, espera algo más duradero que un video viral: que el Estado mantenga su presencia cuando se apaguen las cámaras y que Barranquilla pueda vivir sin miedo