Cada 27 de septiembre, el Día Mundial del Turismo invita a mirar más allá de los paisajes y las cifras. En 2026, la ONU propone reflexionar sobre cómo la agenda digital y la inteligencia artificial pueden rediseñar el sector sin dejar atrás a las comunidades.
Hoy el mundo celebra el turismo, una actividad que empieza mucho antes de llegar al destino. Comienza cuando alguien abre la puerta de su casa, comparte una historia, prepara un plato, guía un recorrido o recibe a quien llega con curiosidad. Viajar es desplazarse, sí, pero también aprender a mirar, escuchar y reconocer que cada lugar tiene una identidad que merece ser respetada.
El 27 de septiembre fue establecido como Día Mundial del Turismo para destacar el valor social, cultural y económico de esta actividad. La fecha recuerda que el turismo conecta pueblos, crea oportunidades de empleo y puede contribuir al desarrollo de comunidades. También nos invita a preguntarnos qué clase de turismo queremos construir y quiénes reciben sus beneficios.
El lema de 2026, “Agenda digital e inteligencia artificial para rediseñar el turismo”, pone esa pregunta en el centro de una transformación que ya está en marcha. Las herramientas digitales ayudan a descubrir destinos, comparar opciones, reservar servicios y planear recorridos. La inteligencia artificial puede facilitar la atención al visitante, apoyar a pequeños negocios y aportar información para gestionar mejor los lugares que reciben viajeros. La ONU advierte, sin embargo, que si estas tecnologías concentran la atención en unos pocos destinos o plataformas, muchas comunidades pueden quedar invisibles.
La tecnología, por sí sola, no garantiza un turismo más justo ni más sostenible. Para que abra oportunidades, los emprendedores, artesanos, guías, alojamientos familiares y organizaciones comunitarias necesitan acceso a internet, formación y herramientas adecuadas. También deben poder decidir cómo se presenta su territorio y cómo se comparten sus conocimientos. Una plataforma puede atraer visitantes; el trabajo de quienes viven en el destino convierte esa visita en una experiencia auténtica y responsable.
En Sucre, celebrar el turismo significa reconocer la variedad de historias, tradiciones y paisajes que hacen singular al departamento. Significa valorar tanto los lugares conocidos como aquellos que aún buscan oportunidades para recibir visitantes. La promoción puede contribuir a que más personas descubran la región, pero debe acompañarse de servicios de calidad, vías adecuadas, cuidado ambiental, seguridad y respeto por las comunidades anfitrionas.
El crecimiento turístico tiene implicaciones concretas. Puede generar ingresos para negocios locales y ampliar opciones de empleo, pero también presionar ecosistemas, servicios públicos y formas de vida cuando no se planifica con cuidado. La pregunta no es solamente cuántos visitantes llegan, sino cuánto valor permanece en el territorio, cómo se distribuyen los beneficios y qué huella dejan las actividades turísticas.
Por eso, la celebración también debe reconocer a quienes hacen posible cada viaje: trabajadores del transporte y la hotelería, cocineras, guías, comerciantes, gestores culturales y familias que comparten su patrimonio. Su labor merece condiciones dignas, capacitación y participación en las decisiones. Un destino no se construye solo con publicidad: se construye con confianza, cuidado y oportunidades para sus habitantes.
Este Día Mundial del Turismo puede ser especial si nos mueve a actuar. A las instituciones les corresponde planificar y proteger los destinos; al sector privado, innovar con responsabilidad; y a los visitantes, viajar con respeto. La transformación digital debe servir para dar visibilidad a más comunidades y conectar a los viajeros con experiencias diversas, no para homogeneizar los lugares.
Celebrar el turismo es celebrar el encuentro. Es abrir caminos para que el desarrollo llegue a más personas sin borrar aquello que hace único a cada territorio. Que este 27 de septiembre nos recuerde que el mejor viaje no es el que consume un destino, sino el que deja aprendizaje, respeto y bienestar compartido.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo