La política colombiana acaba de recibir una nueva señal de reacomodamiento en la derecha. María Fernanda Cabal, una de las figuras más reconocibles, controvertidas y firmes de ese sector político, encontró nueva casa en el Partido Republicano, la colectividad que hasta hace poco se conocía como Liga de Gobernantes Anticorrupción, surgida alrededor del proyecto político de Rodolfo Hernández en 2022. Aquí conviene hacer una precisión: Republicano no nace jurídicamente de cero con la llegada de Cabal. El Consejo Nacional Electoral autorizó previamente el cambio de nombre e identidad de la antigua Liga y el partido ya figura oficialmente como Republicano. Su nueva identidad plantea como ejes la libertad, la vida, la propiedad privada, la familia y un Estado austero y eficiente.
Lo verdaderamente nuevo es lo que significa la llegada de María Fernanda Cabal. Su salida del Centro Democrático no ocurrió de la noche a la mañana. Vino precedido de profundas diferencias internas, especialmente después del proceso que terminó escogiendo a Paloma Valencia como candidata presidencial de esa colectividad. Cabal cuestionó la metodología y pidió conocer las encuestas y la auditoría del proceso. Los resultados publicados mostraron a Valencia con 45 % entre la militancia, frente a 37 % de Cabal. Posteriormente, la exsenadora solicitó una salida institucional mediante la figura de la escisión, pero aseguró que no recibió respuesta y finalmente renunció.
Ese episodio dejó una pregunta inevitable: ¿qué está pasando con la derecha colombiana? La respuesta no es sencilla. Mientras unos sectores intentan consolidar el proyecto de gobierno de Abelardo De la Espriella, otros buscan preservar la identidad histórica del uribismo y aparecen nuevas expresiones que quieren representar una derecha diferente. Defensores de la Patria, Salvación Nacional, Centro Democrático y ahora Republicano hacen parte de un escenario en el que abundan las coincidencias ideológicas, pero también las diferencias de liderazgo, estrategia y visión de futuro. Y aquí aparece la paradoja.
Cuando un sector político necesita mayor unidad para enfrentar a sus adversarios, termina multiplicando sus estructuras. La derecha colombiana, en lugar de avanzar rápidamente hacia una gran convergencia, parece estar viviendo un proceso de atomización. Sin embargo, sería equivocado mirar a María Fernanda Cabal solamente desde la óptica de una división. Quienes conocemos su trayectoria política sabemos que es una mujer de carácter, de posiciones definidas y difícilmente acomodable a las circunstancias. Puede gustar o no su estilo, pueden compartirse o cuestionarse sus posiciones, pero resulta difícil negar que ha construido una identidad política propia. Ahora tiene una herramienta diferente.
Republicano puede convertirse en una plataforma importante para las elecciones territoriales de 2027. La llegada de Cabal le entrega visibilidad nacional y capacidad de convocatoria, mientras que la estructura partidista le permite pensar en avales y candidatos para gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos y demás corporaciones territoriales. Pero precisamente ahí estará la prueba de fuego.
Un partido no se construye únicamente alrededor del nombre de una figura nacional. Necesita dirigentes regionales, estructura territorial, candidatos competitivos, organización y, sobre todo, una propuesta capaz de convencer al ciudadano más allá de las redes sociales y de las confrontaciones entre dirigentes. Republicano tendrá que demostrar que puede pasar de ser una nueva marca política por convertirse en una organización con verdadera presencia nacional. Y hay otra pregunta todavía más importante: ¿Republicano buscará sumar a la derecha o terminará compitiendo contra ella? Porque si cada sector presenta candidatos separados en 2027, el resultado puede favorecer precisamente a quienes hoy se pretende enfrentar. La atomización electoral tiene un costo: dividir votos que, unidos, podrían disputar alcaldías, gobernaciones y corporaciones públicas. Por eso, la llegada de Cabal a Republicano debe ser observada con atención, pero también con serenidad. Puede representar el nacimiento de una nueva alternativa dentro de la derecha colombiana, o convertirse en otro capítulo de una fragmentación que todavía no encuentra punto de equilibrio.
Mi posición es clara: considero a María Fernanda Cabal una excelente política, una mujer de armas tomar, coherente con sus convicciones y capaz de defenderlas incluso cuando eso significa asumir costos políticos. Pero también tengo una pregunta legítima: ¿otro partido político más?
Colombia necesita diversidad política, sí. Pero también necesita capacidad de construir acuerdos. La derecha tiene hoy una oportunidad histórica, pero para aprovecharla tendrá que decidir si quiere multiplicar liderazgos o construir un proyecto común. Republicano acaba de abrir una nueva puerta. Ahora corresponde esperar qué hay detrás de ella.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo