Una opinión sobre la columna de Rafael Nieto Loaiza sobre el presidente electo Abelardo de la Espriella.
Desde la campaña presidencial se percibía, al menos desde mi punto de vista, cierta falta de química entre quien hoy ocupa una curul en el Senado y el presidente electo. Es una impresión personal, basada en lo que observé durante ese periodo. También me llamó la atención que Abelardo de la Espriella guardara silencio ante las críticas reiteradas de Rafael Nieto Loaiza. No escribo esto para descalificar a Nieto ni para desconocer su trayectoria. Durante mucho tiempo sentí admiración y respeto por él, y esos sentimientos no desaparecen de un día para otro. Precisamente por eso, su reciente columna me invita a expresar una diferencia con respeto.
Es legítimo cuestionar las decisiones y actuaciones de un gobernante. La crítica, cuando se apoya en hechos y argumentos, es necesaria en una democracia. Pero también conviene distinguir entre señalar errores concretos y desestimar, casi de entrada, todo lo que una persona pueda haber hecho bien. Que a alguien no le agrade Abelardo de la Espriella (su personalidad, su manera de vestir o su forma de hablar) no debería impedirle reconocer las decisiones que considere positivas. Hacerlo no significa respaldarlo sin reservas; significa evaluar sus actos con equilibrio.
En estos primeros meses de gobierno, cada medida merece ser examinada por sus resultados, su legalidad y sus efectos para el país. Si hay motivos para cuestionarla, hagámoslo con claridad. Si hay algo favorable, también debería poder reconocerse. La coherencia democrática consiste, entre otras cosas, en aplicar el mismo criterio a quienes piensan distinto y a quienes son cercanos. A veces me pregunté por qué Rafael Nieto Loaiza no llegó a ser el candidato presidencial del Centro Democrático. Hoy no pretendo tener una respuesta definitiva. Sin embargo, cuando incluso dentro de un mismo partido parece difícil construir apoyos y acuerdos, es razonable preguntarse qué obstáculos enfrenta quien aspira a liderar un proyecto político. Es una reflexión, no una afirmación sobre las razones de esa decisión. Sigo creyendo que la política, en sí misma, no tiene por qué ser rara ni extraña; son las prácticas de algunos políticos las que terminan alejando a la ciudadanía. También hay quienes se presentan como políticos, pero reducen la actividad pública a la descalificación o al cálculo electoral. La política debería servir para debatir ideas, buscar acuerdos y trabajar por el bien común.
Mi intención no es retirar de la noche a la mañana la admiración o el respeto que alguna vez sentí por Rafael Nieto. Es posible valorar su trayectoria y, al mismo tiempo, discrepar de una columna suya. Esta es mi opinión: creo que la crítica al poder es indispensable, pero debe ser justa, coherente y abierta a reconocer tanto los errores como los aciertos, venga de quien venga. Rafael Nieto Loaiza es un excelente profesional, un gran colombiano, he leído siempre con agrado sus columnas en diferentes medios, incluso donde hemos coincidido como columnistas, e incluso le enviare en esta columna una invitación para que nos acompañe en el proyecto de VISION GLOBAL DIGITAL, pese a no estar de acuerdo esta vez, no quita en lo más mínimo su trayectoria, y de algo que estoy completamente seguro es que es un demócrata de verdad por ello incluso no dejare de leerlo. Esto es respeto y lealtad.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo