Durante la ceremonia de ascensos de la Policía Nacional y en un acto del congreso se dio una situación que nuevamente es demuestra la falta de vergüenza de los funcionarios del gobierno anterior.
Hay momentos en la política que trascienden la discusión partidista y terminan tocando algo mucho más profundo: el respeto por quienes han dedicado su vida al servicio de Colombia. Eso fue lo que ocurrió el miércoles 7 de octubre en el Congreso de la República, durante una ceremonia de ascensos de la Policía Nacional, cuando el senador Germán Rodríguez, veterano y mayor en retiro de la Armada Nacional, increpó al exministro de Salud del gobierno de Gustavo Petro, Guillermo Alfonso Jaramillo.
El reclamo fue directo.

“Usted no tiene que estar aquí. Usted lastimó a las Fuerzas Militares. Me hace el favor y se retira; esto no se hace. Respete esta ceremonia”, le manifestó Rodríguez. Jaramillo respondió que había sido invitado al evento por la institución policial. Sin embargo, minutos después abandonó el recinto. El episodio quedó registrado en video y rápidamente generó controversia política.
Aquí no se trata simplemente de una discusión entre dos dirigentes. Para quienes hemos conocido de cerca la vida de la Fuerza Pública, el uniforme representa sacrificio, disciplina, familia, riesgos y, muchas veces, la entrega de la propia vida por la seguridad de los colombianos. Rodríguez interpretó la presencia de Jaramillo en aquella ceremonia como una contradicción con lo que, desde su perspectiva, representó la administración Petro para militares y policías. El senador ha sostenido que la Fuerza Pública fue maltratada durante ese gobierno y que hoy cuenta con un respaldo diferente. Jaramillo, por su parte, rechazó esa interpretación y defendió la gestión del gobierno Petro. Sostuvo que durante esa administración aumentaron los presupuestos de la Policía, se impulsaron ascensos y se mejoraron condiciones salariales y de bienestar para los uniformados. Pero más allá de las versiones enfrentadas queda una pregunta política y moral que merece ser planteada: ¿en Colombia todavía existe capacidad para reconocer los errores de una administración cuando los resultados dejan profundas inconformidades?
Desde mi posición, resulta vergonzoso que quienes hicieron parte de un gobierno cuya gestión considero profundamente perjudicial para el país no sean capaces de asumir responsabilidad política por sus decisiones y por las consecuencias que, a mi juicio, dejaron. No se trata de desconocer derechos políticos ni de impedir la participación de nadie. Se trata de memoria, responsabilidad y respeto. Y cuando el escenario es una ceremonia dedicada a quienes llevan el uniforme de la Policía Nacional, la discusión adquiere todavía mayor sensibilidad.
El episodio del Congreso deja una imagen difícil de ignorar: un veterano de la Fuerza Pública reclamando respeto para sus compañeros de armas y un exministro que, después del intercambio, terminó retirándose del recinto. Colombia necesita pasar la página de la confrontación permanente, pero pasar la página no significa borrar la memoria. Los errores de quienes gobernaron deben ser examinados, sus resultados debatidos y sus responsabilidades políticas asumidas. Porque gobernar no solamente significa ocupar un cargo. También significa responder ante la historia por lo que se hizo (y por lo que se dejó de hacer) mientras se tuvo el poder.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo.