La movilización del miércoles 14 de octubre en Sincelejo, convocada en oposición al Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, dejó una pregunta que merece respuesta: ¿cuál fue el verdadero alcance de la convocatoria y quiénes estuvieron detrás de su organización? Durante la jornada se observaron caravanas de motocicletas y taxis que recorrieron sectores de la capital sucreña. Para algunos, esas imágenes representaron una expresión legítima de inconformidad; para otros, la modalidad de movilización abrió interrogantes sobre su organización, sus motivaciones y los recursos necesarios para llevarla a cabo.
Y aquí comienza lo interesante. ¿Quién convocó? ¿Quién coordinó la participación de los distintos sectores? ¿Hubo financiación de particulares, organizaciones sindicales, colectividades políticas o aportes voluntarios de los participantes? Son preguntas válidas que podrían responderse con información transparente, sin necesidad de convertir las sospechas en acusaciones. Porque una cosa es ejercer el derecho constitucional a la protesta y otra muy distinta es pretender que nadie pueda preguntar cómo se organiza una movilización política.
Que raro que sean los mototaxistas los que salieran a marchar, en que han sido afectados por el gobierno ? Sera…
El debate resulta especialmente llamativo cuando se habla de motociclistas y taxistas. El Gobierno nacional anunció el primero de octubre que revertiría el incremento de 46 pesos por galón de gasolina previsto para ese mes, con el propósito de mantener estable el precio frente al vigente en septiembre. Esa decisión fue comunicada oficialmente por la Presidencia de la República. Por tanto, el argumento de un aumento aplicado en octubre no explica, por sí solo, una eventual inconformidad de estos sectores. Esto no significa, sin embargo, que carezcan de otras razones legítimas para protestar. Entonces, la pregunta no es por qué un taxista o un motociclista participa en una manifestación: está en todo su derecho. La pregunta es qué motivó específicamente esta convocatoria, qué reclamaban sus participantes y quién asumió su organización.
Blanco es, la gallina lo pone y frito se come, dice el refrán popular. Pero en periodismo no basta con completar el refrán: hacen falta documentos, testimonios y evidencias. Si hubo financiación política, que se conozca; si todo correspondió a una iniciativa ciudadana espontánea, que también se aclare. El contexto añade otra dimensión. El Gobierno de Abelardo de la Espriella apenas completa 67 días desde su posesión. En ese corto periodo ha tenido que enfrentar las consecuencias del terremoto del 10 de agosto, ocurrido tres días después de su llegada al poder, además de las responsabilidades ordinarias de la administración nacional. Sus defensores destacan las primeras decisiones y reclaman tiempo para evaluar sus resultados; sus contradictores sostienen que la oposición debe ejercer control desde el comienzo.
Ambas cuestiones pueden discutirse democráticamente. Lo que no debería ocurrir es que las movilizaciones se conviertan en escenarios de propaganda sin explicaciones claras sobre sus objetivos. Desde Visión Global Digital dejamos abierta la pregunta: ¿quién organizó, coordinó y financió la movilización del 14 de octubre en Sincelejo? No señalamos culpables ni presentamos sospechas como certezas. Pedimos transparencia, porque la protesta es un derecho y conocer los intereses que rodean la actividad política también es parte de una democracia saludable. La ciudadanía tiene derecho a marchar. Y la ciudadanía tiene derecho a saber