La Mojana no necesita otro anuncio que inaugurar. Necesita una solución hidráulica verificable, atención a las familias y un calendario público que permita saber quién responde por cada atraso.

Quien ha seguido las políticas del gobierno de la Patria Milagro quiere que a este Gobierno le vaya bien. Pero en La Mojana la esperanza no puede convertirse en cheque en blanco. Los habitantes de Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia llevan demasiado tiempo escuchando anuncios mientras enfrentan las consecuencias del rompimiento de Caregato. Están cansados, sí; también curtidos. A la promesa ya le pusieron coraza.
¿Qué dejó el gobierno de Gustavo Petro? No sería serio afirmar que no hizo nada. La UNGRD amplió el canal de La Esperanza y, según su balance de diciembre de 2025, la obra aumentó su capacidad y permitió conducir por allí cerca del 60 % del caudal del Cauca; el resto seguía pasando por Caregato. La propia entidad aclaró que esa intervención de emergencia no era la solución estructural definitiva. Pero el balance también tiene una deuda que no se puede maquillar: el contrato anterior para cerrar el boquete fue terminado unilateralmente en 2024. La UNGRD admitió entonces que el cierre no se había concretado y que, con los diseños y el método empleados, no podía lograrse; anunció que liberaría $103.000 millones para nuevas acciones y estudios. El canal de La Esperanza es un alivio hidráulico, no el cierre de Caregato ni la reparación de todo el daño social y económico.

El reto de Abelardo de la Espriella, que en octubre prometió buscar recursos y cooperación internacional y regresar a inaugurar una solución, empieza por convertir esa frase en compromisos medibles. La región necesita conocer, con fechas y responsables, qué diseño se ejecutará, cuánto costará, qué entidades lo financiarán, cómo se contratará y qué medidas protegerán a las comunidades durante la obra. Hace falta publicar avances físicos y financieros, estudios y actas; además, una veeduría con participación de las comunidades y acompañamiento de los organismos de control. Si se requiere apoyo de ingenieros militares, que se convoque con una tarea técnica definida. Si la cooperación internacional —de Estados Unidos, China u otros países— puede aportar conocimiento o financiación, que se gestione con transparencia y bajo dirección colombiana. Ninguna bandera reemplaza los estudios hidrológicos, ambientales y sociales; tampoco sirve anunciar expertos si no hay diseños, presupuesto, supervisión independiente y mantenimiento previsto. La frase “a La Mojana le hacen tantos estudios, pero nunca la gradúan” duele porque retrata una historia de diagnósticos sin desenlace. Que no se repita. El Gobierno debe publicar qué estudios existen, cuáles siguen vigentes y qué decisiones concretas se desprenden de ellos. Y, mientras llega la solución definitiva, garantizar atención digna, prevención y recuperación para las familias afectadas en toda la subregión.
La Patria Milagro tendrá en Caregato una prueba sencilla de entender y difícil de eludir: menos discursos, más resultados que la gente pueda comprobar. El mojanero quiere creer. Pero esta vez la esperanza exige fechas, maquinaria trabajando y rendición de cuentas. De promesas no se vive.