Columna de opinión.
Cada vez que se habla de relevo generacional en el campo se repite la misma pregunta: ¿por qué los jóvenes no quieren quedarse en las fincas? La respuesta rara vez tiene que ver con falta de interés y casi siempre con falta de certeza: sobre ingresos, sobre estabilidad y sobre una ruta de crecimiento profesional.
Las alianzas entre gremios y universidades que conectan formación técnica con empleo real están empezando a cambiar esa percepción. El reto ahora es escalarlas más allá de programas piloto.