Sin autoflagelo, Colombia no es un país rico y no se necesita ser superdotado para tener que aceptarlo, así hablemos de que somos de los más felices del mundo. El PIB por habitante, medida generalmente usada para medir la riqueza individual (US$ 10.700), resultado de dividir el total entre la población registrada y la riqueza total nos deja muy mal parados y no comparándonos con las naciones ricas de Europa o Norteamérica, sino dentro de nuestros propios vecinos: una tercera parte de Uruguay (US 27.608), la mitad de Chile (US$ 20.240), 40% menos que México (US$16.000), 20% menos que Brasil (US12.400) y poco menos que Perú (US$ 11.000). No hay caso y es triste la comparación con E.U (US 95.000), Países Bajos (US78.500), Alemania (US$ 65.699), Francia (51.550) y muy lejos también de Japón, España y Canadá. Y solo para dar un dato adicional: tenemos el registro más bajo de Latinoamérica en monto de exportaciones por habitante, solo superando a Haití.
Pero lo que da “piedra” es otra cosa: es increíble que los congresistas, los magistrados de nuestras cortes y el primer mandatario tengan los más altos sueldos de sus similares de América Latina. Un padre de la patria devenga US15.000/mes, 50% más que en México, 3,5 veces que en Argentina y Perú. Brasil, la 12 economía más grande del mundo, el sueldo de los congresistas es 40% menos que aquí. Nuestro querido presidente recibe US 15.000 al mes, mientras el de México tiene US6.800, Chile (10.500), 20% más que Brasil y más del doble de Argentina y casi cuatro veces el de Perú. Muy similar pasa con los magistrados de las altas cortes que devengan el doble que los togados de México o Argentina. Dirán nuestros expertos que dada la relación directa entre salario y productividad como se aplica al salario mínimo, nuestros padres de la patria, altos jueces y mandatario son ejemplo de productividad y competitividad. No hay que hacer comparación con el salario básico para evitar que digan que es narrativa demagógica y populista. Pero merece un datico: un congresista colombiano gana 30 salarios mínimos, mientras en Chile es 12 veces.
La conclusión puede ser apresurada, aunque en tono pacífico, pero hay que decirlo con la verdad escueta: la discusión del manejo de la economía en Colombia es parcializada, incompleta y con unos fetiches de manual, alejados de la realidad que viven los habitantes. Todo el debate se ha centrado en el tema fiscal y la relación entre la política de hacienda y la monetaria, que en el fondo no es más que un apretón pagado por la gente de la calle. Nada de más riqueza, modernización tecnológica en sectores como el agro y poco en innovación que es lo que lleva a vivir mejor.
Los expertos hablan de que en Colombia hay “gigantismo” del Estado, sobran funcionarios y hay derroche. La verdad es que el tamaño del estado colombiano está en el promedio de la región, alrededor del 33%, medido en la relación del gasto público como porcentaje del PIB, el cual refleja los recursos de la economía que el Estado administra, redistribuye o gasta. En Estados Unidos es de 40%, en las principales economías de Europa pasa del 50% y Brasil 47%. Sencillamente es un supuesto sin comprobar.
Vivimos absolutamente alarmados por la relación deuda/PIB del país que ronda el 60%, cuando el promedio de la región es 72% y en Europa occidental es de 85%, en EU es de 120%, China de 102 y Japón 250%. Sin la menor duda que el gobierno necesita gastar mejor no necesariamente menos, en función de las prioridades para mejorar el nivel de vida de la gente, atendiendo a sectores y regiones más pobres, para lo cual el libreto debe ajustarse. Y arrancar por cosas sencillas pero que permitan a la gente creer, como parar esa odiosa discriminación de los sueldos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que da para un grito de rabia ciudadano, sabiendo que eso no arregla el problema fiscal o de que es culpa de quienes hoy ocupan esos importantes cargos.
