En seguridad, la presencia también comunica. Cuando una comunidad vuelve a ver de manera permanente a sus soldados recorriendo las calles, caminos rurales y sectores apartados, no solamente observa uniformados: percibe que el Estado está presente, que existe una autoridad encargada de protegerla y que su territorio no está abandonado.
Ese es precisamente el propósito que viene desarrollando el Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín, unidad militar responsable de la seguridad en ocho municipios del departamento de Sucre: San Marcos, Sucre, Majagual, Guaranda, San Benito, Caimito, La Unión y El Roble. Bajo el liderazgo del comandante encargado, mayor de Infantería Adel Arcesio Algarín Genes, la unidad ha aumentado y fortalecido los patrullajes de control y registro, así como el acercamiento permanente con las comunidades. Se trata de una estrategia que busca recuperar algo fundamental para cualquier sociedad: la confianza de sus habitantes en las instituciones encargadas de garantizar su tranquilidad. Y hay un elemento que merece especial atención. En diferentes sectores de esta jurisdicción, los propios ciudadanos han manifestado que durante un tiempo prolongado no veían con frecuencia la presencia de unidades militares, e incluso de la Policía Nacional. Esa percepción de ausencia institucional genera preocupación, especialmente en zonas rurales donde las distancias, las dificultades de movilidad y las condiciones geográficas pueden facilitar la acción de quienes pretenden alterar la convivencia. Por eso, cada patrullaje tiene un significado que va más allá del desplazamiento de una unidad militar.

En el corregimiento de Belén, en la invasión La Metra, en San Marcos, y en sectores de las sabanas de Chinú y Sahagún, la presencia del Batallón Junín representa un mensaje concreto: la Fuerza Pública está atenta a lo que ocurre en el territorio. El control territorial no significa únicamente reaccionar cuando ocurre un hecho delictivo. También implica anticiparse, recorrer, escuchar a la comunidad, identificar riesgos y mantener una capacidad permanente de respuesta. Esa labor preventiva resulta especialmente importante en las áreas rurales, donde la seguridad depende en buena medida de la continuidad de la presencia institucional.

El Ejército Nacional tiene, por mandato constitucional y legal, la responsabilidad de contribuir a la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio y el orden constitucional. En ese marco, sus hombres y mujeres cumplen una tarea que exige disciplina, sacrificio y contacto permanente con las comunidades. El ciudadano no necesita discursos sofisticados para sentirse protegido. Necesita ver que las instituciones están allí cuando las necesita.
El trabajo que desarrolla el Batallón Junín demuestra que la seguridad territorial requiere constancia. Un patrullaje no resuelve por sí solo todos los problemas de una región, pero una presencia permanente sí puede contribuir a prevenir delitos, fortalecer la confianza y cerrar espacios a quienes pretenden imponer miedo.
My. Adel. Algarin Genes. Un hijo de Cordoba, protege a sus gentes.
Sucre y Córdoba necesitan instituciones presentes en el territorio, coordinadas y cercanas a la ciudadanía. Y mientras los soldados del Batallón Junín continúen recorriendo los veintitrés municipios de Cordoba y los ocho municipios de Sucre bajo su responsabilidad, habrá una señal clara para las comunidades: el territorio no está solo y el Ejército Nacional permanece allí para contribuir a proteger a la población civil y garantizar condiciones de seguridad y tranquilidad.
