Sincelejo tiene en su Centro Histórico algo que ninguna administración puede construir de cero: memoria. Sus casonas republicanas, balcones, ventanales, cornisas y espacios alrededor del parque Santander cuentan una parte fundamental de la historia de la ciudad. Por eso, cualquier esfuerzo para recuperarlo merece ser tomado en serio. Pero también debe ser mirado con espíritu crítico.
La actual apuesta por revitalizar el Centro Histórico, con peatonalización, actividades culturales, recuperación del espacio público y mayor seguridad, tiene argumentos a favor. Un centro con menos vehículos puede ofrecer mejores condiciones para caminar, contemplar la arquitectura, consumir en los establecimientos y desarrollar actividades culturales y turísticas. La experiencia de la ciudad durante algunas jornadas nocturnas y eventos demuestra, además, que las calles pueden convertirse en escenarios de encuentro ciudadano. No es una idea nueva. Desde 2022 se hablaba de reglamentar la publicidad, definir colores para los inmuebles patrimoniales, recuperar balcones y avanzar en la peatonalización de algunas calles. En 2024, la administración volvió a plantear la recuperación del centro y la organización del espacio público. Incluso en 2026 se estableció nuevamente un Área de Movilidad Restringida y Concertada para ordenar el tránsito en este sector.
Pero aquí aparece el primer gran contra: el centro no es un museo; es también un lugar de trabajo.
Los comerciantes han advertido que una peatonalización mal planeada puede afectar sus ventas, especialmente durante las temporadas de mayor movimiento comercial. Esa preocupación no es nueva: en 2023 ya hubo rechazo de sectores comerciales a la propuesta de peatonalizar el centro por razones de movilidad, seguridad y actividad económica. En septiembre de este año, precisamente por esas inquietudes, la Alcaldía y los comerciantes acordaron aplazar la puesta en marcha inmediata del piloto y concertar sus condiciones. Ese diálogo es fundamental. Una transformación urbana que ignore a quienes viven y trabajan allí corre el riesgo de terminar siendo bonita en las fotografías, pero problemática en la realidad.

El segundo desafío es el patrimonio mismo. No basta con pintar fachadas y cerrar calles. En 2021, funcionarios municipales ya habían encontrado inmuebles patrimoniales en mal estado, incluso algunos con evidente abandono y riesgo de deterioro. La verdadera recuperación debe incluir mantenimiento, restauración, control de publicidad, manejo del cableado, iluminación y estímulos para que los propietarios puedan conservar sus inmuebles. Y está la seguridad. Un centro peatonalizado necesita iluminación, vigilancia, limpieza, señalización y presencia institucional permanente. De lo contrario, el espacio recuperado puede perder rápidamente su atractivo.

La apuesta, entonces, no debería plantearse como una pelea entre peatones y comerciantes, ni entre patrimonio y movilidad. El verdadero reto es conseguir que caminar, comprar, trabajar, comer, visitar y disfrutar el patrimonio sean actividades compatibles.
El piloto de peatonalización puede ser una oportunidad precisamente porque permite medir antes de imponer. ¿Aumentaron los visitantes? ¿Mejoraron las ventas? ¿Disminuyeron los conflictos viales? ¿Se sintieron más seguros los ciudadanos? ¿Qué ocurrió con los vendedores informales y con quienes tienen dificultades de movilidad? Si se responden esas preguntas con datos y participación ciudadana, Sincelejo podría convertir su Centro Histórico en algo más que un espacio recuperado: en un lugar vivo. Porque conservar el patrimonio no significa congelar la ciudad. Significa darle futuro a su memoria.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo