La historia de un soldado del Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín y un perro que encontró esperanza en medio de las inundaciones de Córdoba El agua había convertido las calles en una extensión silenciosa de los ríos. En distintos sectores de Córdoba, las familias afectadas por las inundaciones intentaban poner a salvo sus pertenencias, mientras los soldados avanzaban en medio de la emergencia para llevar ayuda, evacuar enseres y acompañar a quienes lo habían perdido casi todo.
En aquellas jornadas de incertidumbre, los hombres y mujeres del Ejército Nacional cumplieron una misión que trascendió la seguridad y la atención a las comunidades. Entre el barro, el agua y las dificultades apareció una historia pequeña en apariencia, pero enorme por su significado: la de un perro que necesitaba ser rescatado y encontró en unos soldados una mano amiga.
La escena ocurrió en los barrios de la margen izquierda de Montería. Soldados del Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín, de la Décima Primera Brigada, al mando del Teniente Coronel Jair Jose Gonzalez Martinez, recorrían la zona en un bote mientras apoyaban a las familias damnificadas. La prioridad era atender a las personas y facilitar la evacuación de sus pertenencias. Pero, en medio del recorrido, algo llamó su atención. A lo lejos divisaron un perro solo, vulnerable frente a las aguas. No hubo indiferencia. Los uniformados decidieron acercarse. Uno de ellos, el soldado profesional José Manuel Fuentes Pérez, participó en el rescate y terminó convirtiéndose en protagonista de una historia que difícilmente habría podido imaginar aquel día.

El perro, un criollo al que posteriormente llamarían Aqua, fue puesto a salvo. En principio, Fuentes decidió recibirlo de manera temporal, mientras se establecía si tenía propietarios que pudieran estar buscándolo. Sin embargo, los días fueron pasando y aquel animal comenzó a ocupar un lugar diferente en su vida. La decisión terminó siendo definitiva: Aqua tendría un hogar.
“Desde el primer día el perrito se mostró muy cariñoso y no sé si es por agradecimiento que se ha apegado mucho a mí”, contó el soldado Fuentes, al recordar aquel primer encuentro.
Desde entonces, la relación entre ambos dejó de ser simplemente la de un rescatista y un animal rescatado. Aqua se convirtió en compañero y, con el tiempo, en un integrante más de la familia. Incluso el cuartel terminó siendo parte de su territorio. En ocasiones, Fuentes lo lleva consigo al trabajo. Allí, el perro recorre las oficinas, recibe el afecto de los uniformados y se ha ganado el cariño de sus compañeros. Pero la historia también tuvo momentos de preocupación.
Después de algunos meses, Aqua comenzó a mostrarse decaído, perdió el apetito y empezó a bajar de peso. Para Fuentes, que ya lo consideraba parte de su familia, aquello no podía pasar inadvertido. Los exámenes veterinarios determinaron la presencia de endoparásitos y el animal tuvo que cumplir un tratamiento durante aproximadamente un mes.
La recuperación llegó poco a poco. Aqua volvió a correr, a jugar y a mover la cola con esa alegría que, desde su rescate, parece haberse convertido en su manera de agradecer una segunda oportunidad. Han pasado cerca de ocho meses desde aquel encuentro. Hoy, las fotografías de Fuentes junto a Aqua cuentan mucho más que una anécdota ocurrida durante una emergencia. Muestran el rostro humano de quienes visten el uniforme: hombres y mujeres preparados para enfrentar circunstancias difíciles, pero también capaces de detenerse ante una vida indefensa.

La labor del Ejército no termina cuando se cumple una misión operacional. También se expresa en esos gestos que, aunque pequeños, dejan una huella profunda en quienes los reciben. Por eso, esta historia merece un reconocimiento especial a los soldados del Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín. En medio de una emergencia, demostraron que el valor también puede manifestarse en la solidaridad, la compasión y el respeto por la vida. Aqua fue rescatado de las aguas. Pero, en cierta manera, aquella jornada también dejó algo en quienes participaron del rescate: la certeza de que cada vida cuenta y que la verdadera vocación de servicio se demuestra, precisamente, cuando nadie obliga a hacerlo y aun así se decide ayudar.
