Este 4 de octubre, Colombia rinde homenaje a unos soldados cuya misión muchas veces se cumple lejos de los reflectores, pero cuya obra permanece en el tiempo: los Ingenieros Militares del Ejército Nacional de Colombia, hombres y mujeres de la gloriosa divisa púrpura que conmemoran 212 años de historia, servicio y sacrificio.
Para quien alguna vez vistió el uniforme, hablar de los Ingenieros Militares no es solamente hablar de carreteras, puentes, explosivos, maquinaria o construcciones. Es hablar de mística, disciplina, conocimiento, valor y amor por la patria. El Arma de Ingenieros tiene sus raíces en 1814, cuando el Sabio y coronel Francisco José de Caldas fundó la Academia de Ingenieros en la República de Antioquia. Desde entonces, aquella semilla se convirtió en una de las especialidades más importantes del Ejército colombiano. Y existe un símbolo que para un Ingeniero Militar significa mucho más que una insignia: las Torres de Castilla. Quien las lleva en su uniforme no porta simplemente un distintivo. Lleva sobre sus hombros una historia construida por generaciones de soldados que aprendieron que, cuando el camino desaparece, hay que abrirlo; cuando el puente cae, hay que levantarlo; cuando una comunidad queda aislada, hay que encontrar la manera de volver a conectarla; y cuando el peligro amenaza la vida, hay que enfrentarlo con conocimiento, precisión y valor.

Las Torres de Castilla representan una responsabilidad. Son el recuerdo permanente de que el Ingeniero Militar debe estar preparado para combatir, construir, proteger y servir. Su lema, “Vencer o morir”, resume esa filosofía de servicio. No se trata únicamente de vencer en el campo de combate. También se vence cuando una carretera vuelve a comunicar una región olvidada; cuando un puente permite que los campesinos saquen sus productos; cuando una emergencia natural encuentra a un soldado dispuesto a ayudar; cuando una zona contaminada por minas antipersona vuelve a ser segura para una familia.

La historia reciente demuestra esa dimensión. Los Ingenieros Militares han participado en la construcción y recuperación de vías y puentes, atención de emergencias, desminado humanitario, apoyo a comunidades y operaciones que combinan seguridad con desarrollo. En 2025, por ejemplo, el Ejército reportó instalación de puentes, rehabilitación de aeropistas, mejoramiento de vías terciarias, neutralización de explosivos y apoyo humanitario en diferentes regiones del país. Pero detrás de cada obra existe un soldado. Un hombre o una mujer que madruga, que enfrenta la lluvia, el barro, la montaña, el calor y, en determinadas circunstancias, el riesgo de perder la vida. Un soldado que entiende que servir a Colombia también significa construir patria con las manos. Por eso, este homenaje tiene un significado especial para quienes alguna vez llevamos uniforme y conocemos lo que representa pertenecer al Ejército Nacional. Desde la reserva, uno mira hacia atrás y comprende que hay símbolos que nunca se desprenden del alma. Las Torres de Castilla son uno de ellos.
A los señores oficiales, suboficiales, soldados, profesionales y civiles que integran el Arma de Ingenieros: feliz aniversario. Que Dios Todopoderoso bendiga sus caminos, proteja sus vidas y fortalezca sus familias. Hoy, desde la voz de un soldado, mi saludo es sencillo, pero profundo: Honor y gloria a los Ingenieros Militares de Colombia. 212 años construyendo, protegiendo y sirviendo a la patria.