Señor presidente Abelardo de la Espriella: esta vez no le escribo para hablar de política. Le escribo desde el campo sucreño, desde la preocupación de quienes todos los días salen a revisar sus animales con la incertidumbre de no saber si al día siguiente encontrarán completo el patrimonio que han construido durante años.
Presidente, ¡los ganaderos de Sucre necesitan auxilio!
En columnas anteriores elevé un S.O.S. por la seguridad rural. Hoy debo insistir porque los hechos no se detienen. Abigeato, carneo y extorsión siguen golpeando al productor. La Gobernación de Sucre ha reconocido la dimensión del problema y ha planteado al Gobierno Nacional un consejo de seguridad regional con Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia, precisamente porque el delito trasciende las fronteras departamentales. En lo corrido de 2026, las autoridades han conocido casos de abigeato en varios municipios y reportan 125 semovientes recuperados y seis capturas. Es importante decirlo con claridad: esto no es un ataque contra nuestra Fuerza Pública. Como miembro de la reserva militar, he defendido y seguiré defendiendo al Ejército Nacional, a la Armada, a la Infantería de Marina y a la Policía Nacional. Desde la estrategia de Seguridad y Apoyo al Gremio Ganadero SAGG, he procurado precisamente acercar a los productores con la institucionalidad, facilitar información y construir confianza. Pero también sería irresponsable cerrar los ojos ante lo que están viviendo los ganaderos.
El caso reciente de la finca Las Malvinas, en jurisdicción de Palmital, es una muestra dolorosa. Rafael Enrique Martínez Acevedo denunció el hurto de alrededor de 70 reses. La información conocida señala que los animales habrían sido sacados durante la madrugada y movilizados hasta el sector de Santa Rosa, cerca de El Roble. La investigación deberá establecer exactamente cómo ocurrió, quiénes participaron y cuál fue el destino del ganado. Pero hay una pregunta inevitable: ¿cómo desaparecen cerca de 70 reses sin que nadie vea, escuche o detecte semejante operación? No son una o dos vacas. Son decenas de animales que requieren organización, movilización y logística. Si fueron transportados, alguien tuvo que conducir los vehículos; si fueron arreados, alguien conocía las rutas; si posteriormente fueron comercializados, alguien tuvo que recibirlos. Y mientras se intenta esclarecer ese caso, elel abigeato y carneo continúan.
En Numancia, sobre la vía San Pedro-Magangué, fue reportado el sacrificio clandestino de una res perteneciente a José Antonio García, tesorero del municipio de San Pedro. El hecho se suma a otros episodios denunciados en esa zona rural. Por eso repito una frase que escribí hace algún tiempo: “Ellos están aquí y nos están observando”. Y también aquella otra: “Abducidas”. Porque cuando desaparecen 70 reses, uno termina preguntándose si el ganado simplemente desaparece o si existe una cadena organizada detrás del hurto.
La propia Fuerza Pública ha demostrado que puede obtener resultados. En mayo, Armada y Policía recuperaron 63 cabezas de ganado en Sucre y capturaron a cuatro presuntos responsables de abigeato. El problema, entonces, no es desconocido para las instituciones. El desafío está en impedir que quienes continúan delinquiendo encuentren espacios para actuar y en llegar también a quienes reciben, sacrifican, transportan y comercializan el ganado hurtado.
“presidente, usted es ganadero. Conoce lo que representa una res para quien ha invertido años de trabajo en levantar una finca.

Hace dos días vi llorar a un hombre de casi 50 años mientras, acompañado de su esposa Luz, colocaba una denuncia. Ese fue Rafael Enrique Martinez Acevedo, a quien le hurtaron las 70 reses en Palmital. No lloraba solamente por unas reses. Lloraba porque en una madrugada podía estar viendo desaparecer una parte de la historia económica de su familia. Por eso hoy le pido, señor presidente: escuche a los ganaderos de Sucre. Escuche a Enrique Martínez Alemán y a los productores de La Mojana. Escuche a quienes llevan años reclamando soluciones para “Caregato” y ahora también tienen que enfrentar el miedo de perder sus animales a manos de los cuatreros. Martínez Alemán ha sido vocero histórico de los ganaderos de esa región y ha reclamado respuestas para un territorio cuya economía depende profundamente de la actividad ganadera. No se trata de buscar culpables antes de una investigación. Se trata de exigir resultados. La seguridad no tiene dueño. La seguridad es un compromiso de todos. Pero cuando un ganadero pierde 70 animales en una noche, cuando aparece otra res sacrificada clandestinamente y cuando las denuncias se acumulan, el Estado debe preguntarse qué más puede hacer. Presidente Abelardo de la Espriella: Sucre lo está llamando. No permita que el campo termine acostumbrándose al miedo.