Hay anuncios que pueden perderse entre discursos y fotografías oficiales. Y hay otros que, por la dimensión del problema que pretenden resolver, merecen ser puestos en el centro de la conversación. Eso ocurrió hoy en Sucre con Caregato, el punto crítico de La Mojana que durante años ha representado una emergencia social, económica y ambiental para miles de familias.
El presidente Abelardo De la Espriella fue directo: anunció que designará un gerente dedicado exclusivamente a Caregato, encargado de articular a las entidades responsables y buscar una solución definitiva. También aseguró que gestionará los recursos necesarios, incluso mediante cooperación internacional, y que regresará a La Mojana para inaugurar la obra que permita cerrar de una vez por todas este capítulo.
No es un asunto menor. El propio presidente recordó que conoció Caregato durante la campaña y que entonces asumió un compromiso. Ahora, desde el territorio y ya investido como jefe de Estado, vuelve a ponerle fecha política a esa promesa: resolver el problema y regresar cuando la obra esté terminada. Pero la jornada presidencial en Sucre no se limitó a Caregato. En Coveñas, De la Espriella encabezó el Consejo de Seguridad con autoridades civiles y la cúpula militar y policial. El mensaje central fue fortalecer la coordinación institucional, blindar el departamento y golpear las estructuras criminales.
Para Sucre, este punto tiene especial importancia. La gobernadora Lucy García había solicitado precisamente una respuesta regional frente al abigeato, un delito que ha desbordado las fronteras departamentales y que conecta a Sucre con Córdoba, Bolívar y Antioquia. Y allí aparece otro desafío: que la seguridad rural deje de ser una suma de esfuerzos aislados y se convierta en una estrategia coordinada contra quienes roban, sacrifican, transportan y comercializan ganado.
La reunión con la Gobernación, alcaldes y representantes de las subregiones también permitió poner sobre la mesa necesidades relacionadas con agua, vías, desarrollo rural y atención a las comunidades. Pero Caregato sobresale. Porque cerrar ese boquete no significa solamente construir una obra. Significa devolverle certidumbre a una región que lleva años viviendo entre inundaciones, pérdidas productivas y promesas incumplidas.Ahora hay un gerente anunciado, una instrucción presidencial y un compromiso público. El reto comienza precisamente ahí: que Caregato deje de ser una promesa recurrente y se convierta en una obra terminada. Sucre escuchó al presidente. La Mojana también. Ahora corresponde esperar que las palabras se conviertan en maquinaria, recursos, obras y resultados. Porque esta vez, como dijo De la Espriella, el compromiso no puede quedarse en un discurso.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo