La jornada presidencial en Sucre dejó una extensa lista de anuncios. El verdadero reto, sin embargo, está en mirar más allá de las cifras: ¿qué significan para un departamento que durante años ha reclamado presencia efectiva del Estado y cuánto de lo anunciado logrará convertirse en obras, empleo y soluciones concretas?
La visita del presidente Abelardo De la Espriella a Sucre dejó ayer un mensaje político y administrativo de considerable alcance: el Gobierno Nacional quiere que este departamento deje de ser receptor de promesas y pase a ocupar un lugar central en la agenda de inversión, seguridad, infraestructura y desarrollo productivo del país. La jornada, realizada en Coveñas bajo la estrategia El Milagro de las Regiones, combinó anuncios inmediatos con proyectos de largo aliento.
El primer frente fue la seguridad. El Gobierno anunció dos pelotones de Infantería de Marina para reforzar la presencia territorial, recursos destinados a fortalecer las cámaras de vigilancia y nuevas acciones de inteligencia, prevención y control contra el abigeato. También se planteó un estudio técnico para establecer en qué municipios sería viable instalar plantas de sacrificio, buscando mejorar legalidad, trazabilidad y sanidad y, al mismo tiempo, proteger al sector ganadero. El mensaje presidencial fue directo: donde avance el crimen, debe avanzar el Estado. Pero quizá el anuncio que concentra buena parte de la expectativa regional está lejos de los escenarios de seguridad. Está en La Mojana. El presidente anunció una nueva unidad de salud para Majagual por $24.700 millones, con un primer giro de $5.700 millones, y, sobre todo, anunció la designación de un gerente dedicado exclusivamente a buscar una solución para Caregato. De la Espriella aseguró que se buscarán recursos nacionales y cooperación internacional para enfrentar el histórico problema.
Caregato no es solamente un punto geográfico. Para miles de habitantes de La Mojana representa años de incertidumbre frente al agua, la producción agropecuaria, la movilidad y la seguridad alimentaria. Por eso, la verdadera dimensión de este anuncio no estará en el nombramiento de un gerente, sino en la capacidad de convertir esa responsabilidad individual en una solución técnica, financiada, ejecutada y sostenible.
En infraestructura, el Gobierno anunció $140.000 millones para Sucre, provenientes de la bolsa destinada a atender las afectaciones asociadas a la emergencia del frente frío. El presidente insistió en que esos recursos deberán traducirse en obras y estarán sujetos a acompañamiento técnico y vigilancia. También anunció los llamados Caminos del Tigre, con placa huella para conectar zonas rurales, facilitar la salida de cosechas y mejorar el acceso de estudiantes a colegios y universidades. A esto se suma la apuesta por la conectividad regional: avanzar en la conexión Sucre-Majagual mediante el corredor Sucre-El Cauchal, de aproximadamente 56 kilómetros, y llevar al Plan Nacional de Desarrollo la terminación del aeropuerto de Tolú y el mejoramiento de los aeropuertos de Las Brujas y Corozal. Son obras que, de concretarse, podrían tener un efecto que va mucho más allá de la infraestructura: conectar mercados, facilitar movilidad y mejorar las condiciones para atraer inversión.
En educación fueron anunciados $35.884 millones para intervenir 38 sedes educativas, con una población estimada de 8.447 estudiantes, además de mobiliario para otras instituciones. En vivienda, el Gobierno reportó avances sobre 1.389 mejoramientos que estaban pendientes: 292 terminados, 163 certificados, 127 iniciados y 47 nuevos subsidios asignados, según las cifras presentadas durante la jornada.
El capítulo económico es, sin duda, el de mayor ambición. El Gobierno anunció la intención de incorporar al Plan Nacional de Desarrollo una estrategia para crear una Zona Económica Especial en Sucre, orientada a transformar materias primas y convertir al departamento en plataforma industrial y exportadora. Dentro de esa propuesta aparece un complejo verde de transformación de aluminio con una inversión estimada entre US$4.800 millones y US$5.200 millones, con un potencial anunciado de más de 15.000 empleos y cerca de US$700 millones en exportaciones. Aquí conviene hacer una precisión esencial: se trata de una proyección y una apuesta de inversión, no de una obra ya ejecutada. Su materialización dependerá de decisiones regulatorias, estructuración financiera, inversión privada, condiciones de mercado, infraestructura y viabilidad técnica. Precisamente por eso, el anuncio merece seguimiento periodístico permanente.
La agenda también incluyó $40.000 millones para infraestructura deportiva de cara a los Juegos Nacionales y Paranacionales de 2027, $3.000 millones para emprendimiento, unidades productivas y promoción turística, $20.000 millones para seguridad alimentaria y una planta de procesamiento de yuca proyectada en $24.000 millones. Asimismo, se anunció una convocatoria de regalías ambientales por $230.000 millones para enfrentar la erosión costera en el litoral Caribe.
Todo esto dibuja una nueva hoja de ruta para Sucre. Pero también impone una obligación: pasar del discurso al cronograma, del cronograma al contrato y del contrato a la obra terminada.
El presidente habló de una deuda histórica con Sucre y de la necesidad de que el departamento mire al Caribe y al mundo. Esa visión puede convertirse en una transformación real si los anuncios sobreviven al calendario político, cuentan con financiación efectiva, controles transparentes y capacidad de ejecución.
Sucre no necesita otra colección de promesas archivadas. Necesita carreteras terminadas, Caregato resuelto, hospitales funcionando, escuelas dignas, seguridad en el campo, oportunidades para sus jóvenes y una economía capaz de generar valor agregado. Ayer se anunciaron recursos, proyectos y compromisos. Ahora comienza la parte más importante: hacer seguimiento, exigir resultados y medir cada peso invertido. Porque la grandeza de Sucre no se construirá con discursos, sino con obras que permanezcan cuando los micrófonos se apaguen.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo