La reciente visita del presidente Abelardo De la Espriella a Sucre dejó sobre la mesa dos asuntos que, aunque parecen pertenecer a mundos diferentes, tienen algo en común: ambos exigen prevención, anticipación y decisiones antes de que el problema termine desbordándose. Por un lado, el fenómeno de El Niño y sus efectos sobre el agua, la energía y el campo; por el otro, nuestros particulares “niños malos”: aquellos que han convertido el delito en una forma de vida y que tienen en jaque a buena parte del sector rural sucreño.
El segundo problema merece especial atención. Sucre lleva demasiado tiempo soportando una situación que dejó de ser una simple sucesión de casos de inseguridad. Abigeato, carneo, extorsiones, hurtos a predios, amenazas e invasiones han ido construyendo un escenario de incertidumbre para quienes viven y trabajan en el campo. La Gobernación incluso propuso un consejo de seguridad regional que involucre a Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia, precisamente porque la cadena criminal no entiende de límites administrativos. Y aquí está una de las claves del problema: el delito también migra. Una res puede ser hurtada en Sucre, movilizada por corredores hacia otro departamento, sacrificada en condiciones clandestinas y finalmente comercializada lejos del lugar donde fue robada. Por eso combatir únicamente al ladrón que entra al predio resulta insuficiente. Hay que perseguir la cadena completa: quien roba, quien transporta, quien sacrifica, quien comercializa y quien financia.
El presidente De la Espriella llegó a Sucre con un mensaje contundente. En el Consejo de Seguridad realizado en Coveñas, ordenó disponer de dos pelotones de Infantería de Marina para reforzar la seguridad departamental y anunció acciones contra las rutas del narcotráfico, la extorsión y el hurto de ganado. También habló de integrar capacidades aéreas, marítimas, fluviales y terrestres, con apoyo tecnológico. Pero quizá uno de los anuncios más importantes para el ganadero fue el estudio técnico para determinar en qué municipios sería viable instalar plantas de sacrificio, buscando fortalecer la legalidad, la trazabilidad y las condiciones sanitarias. También se anunciaron recursos para mejorar el sistema de cámaras de seguridad y la entrega de la nueva Estación de Policía de Corozal. El presidente, además, fue directo con las estructuras criminales y advirtió que el Estado irá tras quienes amenazan a ganaderos, campesinos, comerciantes y familias sucreñas. Ahora comienza la parte verdaderamente difícil: convertir los anuncios en resultados.
El ganadero de las sabanas no necesita únicamente discursos. Necesita poder dormir tranquilo, revisar su hato sin miedo, transportar sus animales con seguridad y saber que cuando denuncia existe una investigación que conduce hasta los responsables.
Sucre ya envió su S.O.S. Y no fue un S.O.S. político. Fue el grito de productores que han visto desaparecer en una noche el patrimonio construido durante años.
La seguridad rural no puede ser una operación de temporada. Tiene que ser permanente, articulada y regional. Porque los “niños malos” no respetan fronteras, carreteras ni municipios. Y si el Estado quiere recuperar el campo, tendrá que demostrarlo precisamente allí donde los delincuentes creen que nadie los está mirando. Del fenómeno de El Niño podemos anticiparnos. A los “niños malos” hay que perseguirlos. Y a todos. Para Visión Global Digital, la conclusión es clara: los anuncios presidenciales son un punto de partida, no el final del problema. El campo sucreño necesita presencia permanente del Estado, inteligencia, judicialización y coordinación regional.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo