Del 9 al 12 de octubre, Ovejas, Sucre, celebra la edición 42 del Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene”. Más que una cita musical, el encuentro pone en el centro a los portadores, las escuelas y las comunidades que mantienen viva esta tradición.
En Ovejas, la gaita no llega como invitada: es parte de la casa. Desde este 9 de octubre y hasta el lunes 12, el municipio de los Montes de María recibe la edición XLII del Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene”, un encuentro que convierte la música tradicional en escenario de memoria, aprendizaje y orgullo regional. La fecha y el número de esta edición fueron confirmados en la promoción del festival y por la Alcaldía municipio. La celebración honra el legado de Francisco Llirene y de generaciones de músicos, bailadores y gestores que han transmitido sus conocimientos. La gaita, acompañada por tambores y maracas, enlaza repertorios y prácticas del Caribe colombiano. En cada interpretación se encuentran la destreza de quienes ejecutan los instrumentos y el trabajo colectivo que hace posible una rueda, una danza y una canción. El festival no es solo una tarima. Su relevancia se mide también por la oportunidad que ofrece a niños y jóvenes de aprender, presentarse y compartir el escenario con músicos experimentados. En el lanzamiento de esta edición participaron agrupaciones de Ovejas y de Guacamayal, en Zona Bananera, muestra de cómo esta tradición circula entre comunidades y generaciones. Ese relevo no ocurre por inercia. Requiere maestros, espacios de formación, instrumentos, apoyo institucional y condiciones para que los portadores de tradición puedan enseñar y vivir de su trabajo cultural. Por eso, celebrar el festival también implica preguntarse qué acciones sostienen la práctica durante el resto del año, cuando se apagan los amplificadores y el público regresa a casa.
El reconocimiento nacional brinda un marco para esa responsabilidad. La Ley 1756 de 2015 declaró el Festival patrimonio cultural e inmaterial de la Nación y autorizó la asignación de recursos públicos para su financiación, divulgación y desarrollo. El valor de esa norma está en su cumplimiento: preservar la tradición exige continuidad, planificación y respaldo a quienes la mantienen viva, no únicamente una celebración anual. La edición de este año llega además en medio de versiones que pusieron en duda su realización. La junta organizadora confirmó que el festival seguía en pie y pidió consultar los canales oficiales ante cualquier cambio. En tiempos de circulación acelerada de rumores, verificar también es una forma de proteger el trabajo de artistas, concursantes, gestores y comerciantes que dependen de la claridad sobre el evento.
Durante estos días, Ovejas vuelve a ser punto de encuentro para quienes reconocen en la gaita una expresión cultural viva. El reto es que la atención que recibe el festival se traduzca en oportunidades para sus protagonistas y en formación para quienes vienen detrás. La tradición no se conserva como una pieza inmóvil: se mantiene cuando una comunidad puede practicarla, enseñarla y hacerla suya. La gaita vuelve a sonar en Ovejas. En su eco hay fiesta, pero también una responsabilidad compartida: cuidar las raíces sin quitarles vida y asegurar que las próximas generaciones puedan encontrarse en ellas.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo