El audio divulgado por Vicky Dávila, y reportado por Semana, merece una explicación pública sin atajos. En la grabación, Víctor de Currea-Lugo le pide a Salvatore Mancuso un “golpe de opinión” contra Abelardo de la Espriella, en plena campaña electoral. Mancuso confirmó que recibió el mensaje y sostuvo que no respondió ni aportó información. La frase atribuida a De Currea (“sin eso vamos a perder”) es grave por lo que sugiere: el interés de incidir electoralmente mediante una declaración de un exjefe paramilitar.
Conviene, sin embargo, distinguir lo que la grabación permite afirmar de lo que todavía debe investigarse. El audio documenta una solicitud de De Currea; por sí solo no demuestra que Gustavo Petro la ordenara, que hubiera un plan para fabricar testimonios ni que Mancuso aceptara participar. El presidente rechazó que se le atribuyan hechos tan graves sin pruebas y pidió que se investigue cualquier presión o uso indebido de los espacios de paz, algo comun en el, lo unico que no ha dicho exactamente es un “todo fue a mis espaldas” Esa respuesta también debe someterse al escrutinio público.
La contradicción política, en cambio, es inocultable. Petro presentó a Mancuso como gestor de paz y le pidió contribuir a la reparación de las víctimas; también protagonizó con él el intercambio de sombreros en un acto público. Si entonces su voz y su presencia servían para representar un camino de reconciliación, ¿por qué ahora sus declaraciones se descartan de entrada cuando resultan incómodas? La pregunta no prueba un interés oculto, pero sí obliga a exigir coherencia. Los gestos de paz no pueden convertirse en escenografía ni la credibilidad de un testigo en un interruptor electoral.
Hay otro antecedente que exige cautela. David Murcia acusó a De la Espriella en una entrevista y luego se retractó ante la Fiscalía, según reportes de prensa. Ese episodio muestra el daño de amplificar señalamientos antes de verificarlos; no demuestra que todos los sectores políticos le hubieran creído ni autoriza a meter a Angie Rodríguez en la misma categoría. Rodríguez, de hecho, ha dicho que no se retracta de sus denuncias.
La regla debe ser la misma para todos: ni absolver por conveniencia ni condenar por micrófono. Si el audio es auténtico, la solicitud merece explicación e investigación; si hay acusaciones adicionales, deben probarse. La verdad no puede ser bienvenida cuando golpea al adversario y descalificada cuando incomoda al propio poder. Y ningún proyecto que se proclame ético puede pedir confianza ciega: debe aceptar preguntas, rendir cuentas y dejar que los hechos (no la lealtad política) decidan.