La gobernadora de Sucre Lucy Ines Garcia Montes, despidio al señor Coronel Aymer Fredy Alonso Triana, quien hasta ayer fungio como comandante del Departamento de Policia Sucre, y parte hacia el departamento de Santander.
Los cambios en la dirección de la Policía Nacional forman parte de la dinámica institucional, pero en departamentos como Sucre cada relevo también invita a reflexionar sobre las necesidades de seguridad que permanecen en los municipios, las zonas rurales y las comunidades que esperan respuestas concretas del Estado. La salida del coronel Aymer Freddy Alonso Triana del Departamento de Policía Sucre, tras su traslado a Santander, marca el cierre de una etapa de servicio en esta región del Caribe colombiano. Más allá de los actos protocolarios que acompañan una transmisión de mando, es justo reconocer la responsabilidad que implica dirigir una institución cuyos integrantes enfrentan diariamente riesgos, exigencias operacionales y el compromiso de proteger a la ciudadanía.
Desde esta tribuna periodística, el reconocimiento al oficial no debe confundirse con una evaluación definitiva de su gestión. Una cosa es valorar la disposición de un comandante y su calidad humana; otra, igualmente necesaria, es examinar los resultados de seguridad y las transformaciones que experimentan las comunidades. Ambas miradas pueden coexistir sin desconocer el trabajo de la institución ni renunciar al deber ciudadano de exigir resultados.
En Sucre, la tranquilidad de los habitantes continúa vinculada a desafíos que requieren atención permanente: el abigeato, la extorsión, el hurto y las amenazas contra quienes trabajan en el comercio y el campo. Para los ganaderos, productores y habitantes rurales, la seguridad no es una cifra en un informe: significa poder permanecer en sus fincas, movilizar sus animales, comercializar sus productos y sostener a sus familias sin temor a convertirse en víctimas de la delincuencia. Por eso, el relevo en el comando debe convertirse en una oportunidad para fortalecer lo que funciona y corregir aquello que todavía preocupa a la población. La prevención, la inteligencia, la investigación criminal y la presencia policial deben articularse con la Fiscalía y las demás autoridades competentes, de manera que las capturas y los operativos tengan continuidad en los procesos judiciales y produzcan efectos duraderos contra las estructuras delincuenciales.
Al nuevo comandante, el coronel Luis Fernando Burgos Mejia, le corresponde asumir esa responsabilidad con conocimiento del territorio, escucha a las comunidades y coordinación interinstitucional. La ciudadanía necesita una Policía cercana, profesional y firme frente al delito, pero también una institución que inspire confianza y actúe con pleno respeto por la ley y los derechos de las personas. Al coronel Alonso Triana le expresamos nuestro reconocimiento por el servicio prestado en Sucre y nuestros deseos de éxito en la nueva etapa profesional que comienza en Santander. Cada traslado representa un cambio de escenario, pero la vocación de servicio exige mantener intacto el compromiso con Colombia.
La despedida de un comandante no debe cerrar la conversación sobre seguridad. Debe abrir un nuevo capítulo de responsabilidades compartidas entre la Fuerza Pública, la justicia, las autoridades civiles y la sociedad. Porque la verdadera medida de la seguridad no está en los discursos de una ceremonia, sino en la tranquilidad que experimentan las familias cuando termina el día, en la confianza de los comerciantes y en la posibilidad de que nuestros campesinos trabajen sin miedo. Los comandantes cumplen ciclos; la obligación de proteger a Sucre permanece.