En varios municipios de la costa caribe colombiana, el dia de ayer durante celebracion de la noche de Halloween parece haber adquirido una dimensión que ni los más experimentados investigadores de fenómenos paranormales se atreven a explicar. Y no precisamente por las calabazas, los disfraces de Drácula o los niños pidiendo dulces. ¡Qué va! El asunto tiene a más de un caballero caminando derechito, mirando para todos lados y revisando si lleva bien abotonada la camisa.
Resulta que, según un comentario que circula en las calles, esquinas, cantinas, parque, pero en especial en rteuniones de esposas preocupadas, se comenta sobre unas misteriosas brujas estarían haciendo de las suyas con algunos inocentes hombres desprevenidos, maridos fieles que han caido en sus garras por no decir sus encantos. La historia, que tiene más ingredientes que un sancocho de gallina criolla en año nuevo, habla dejuiciosos caballeros que desaparecen misteriosamente y reaparecen tres días después, con cara de trasnochados, las energías por el suelo , desorientados pero con un detalle especial, unas marcas en el cuello que ni el mejor dermatólogo logra explicar.
¡ Sucrisssssssssto! ¡Qué clase de aquelarre! Ellas estan aqui y se los estan llevando.
Los relatos aseguran que los supuestos afectados habrían sido víctimas de extraños rituales en lugares donde, curiosamente, abundan las señoritas de poca vestimenta, las luces tenues y unos ambientes que parecen tener más poderes de seducción que cualquier conjuro de hechicería. Uno de los presuntos sobrevivientes, todavía confundido por la experiencia, habría contado que recuerda poco, salvo unas misteriosas criaturas, arañazos inexplicables y un aroma a splash de durazno que todavía lo persigue. ¡Eso no fue una aparición, compadre, eso fue una experiencia extrasensorial con fragancia incluida! Lo verdaderamente preocupante no es que existan brujas, sino la extraordinaria capacidad que tienen algunos hombres para perder la memoria cuando necesitan explicar dónde estuvieron. Para unas cosas recuerdan hasta el número de la placa de una motocicleta que pasó hace quince años, pero cuando la señora pregunta por qué llegaron el lunes después de haber salido el viernes, sufren una amnesia que ni los científicos de la NASA han podido estudiar. Y mientras los caballeros ensayan sus explicaciones, las esposas parecen haber desarrollado un sexto sentido. No necesitan bola de cristal, escoba voladora ni consultar al brujo del pueblo. Les basta con mirar el reloj, revisar el estado de ánimo del marido y detectar ese extraño silencio que aparece cuando el interrogatorio comienza.
¿Dónde estabas? Por allá, haciendo una diligencia. ¿Tres días? Es que había mucha fila, mi amor.
¡No joda! Esa diligencia debía ser en otra galaxia.
Por supuesto, no hay duda que la alegria, la malicia indigena y el desparpajo para contar historias del pueblo sabanero hace alarde en esta columna, la jocosidad popular es la protagonista. No tenemos evidencia de raptos sobrenaturales ni de brujas voladoras. Lo que sí tenemos es una historia que ha despertado risas, comentarios y más de una sospecha entre los habitantes de esos pueblos de nuestra region. Y es que en nuestra Costa Caribe tenemos una particular manera de contar las cosas: con picardía, doble sentido, una buena dosis de mamadera de gallo y ese humor que convierte cualquier acontecimiento en conversación de esquina, tertulia familiar y motivo de carcajadas. Así que, en este Halloween, una recomendación para los caballeros de la region caribe: si van a salir, no le echen toda la culpa a las brujas. Y si regresan tres días después, con el cuello marcado y sin recordar absolutamente nada, procuren que la historia tenga algo más de imaginación que un simple cuento de espantos.
Porque una cosa es que uno no crea en brujas y otra muy distinta es que la esposa le crea a uno. Esta fiesta es del mundo, pero la gente dice disfrutarla. Esperemos que por lo menos de ella se desprendan solo buenas historias y no tragedias causadas por intolerancia y mal uso de las bebidas alcoholicas. Y recuerden, señores: las brujas podrán volar en escoba, pero las esposas tienen una habilidad mucho más peligrosa: ¡no se les escapa ni una.