Caregato vuelve a estar en el centro de la agenda nacional. Y esta vez no por otra inundación, ni por una nueva promesa de escritorio, sino por el anuncio hecho ayer en Cartagena por el presidente Abelardo de la Espriella: su Gobierno avanzará en la solución de las inundaciones de La Mojana, con especial atención al crítico sector de Caregato. Para una comunidad que lleva años esperando una respuesta definitiva, el anuncio tiene un significado que va mucho más allá de una obra de infraestructura. Es una señal de esperanza.
Porque La Mojana está cansada de diagnósticos, estudios, contratos, interventorías y soluciones temporales. Está cansada de ver cómo el agua entra, arrasa cultivos, afecta la ganadería, golpea las economías familiares y obliga a comunidades enteras a convivir con una incertidumbre que se volvió permanente. Caregato se convirtió en el símbolo de esa deuda histórica del Estado con una de las regiones productivas más importantes del Caribe. Las obras para atender el boquete han enfrentado durante años dificultades y retrasos. Por eso las palabras pronunciadas ayer por el presidente adquieren especial relevancia. En su intervención ante medios, De la Espriella incluyó expresamente a La Mojana dentro de los compromisos asumidos con Bolívar y señaló que se avanzará en la solución de las inundaciones, particularmente en Caregato.
El Tigre asusta al gato, sí. Pero ahora lo importante no es el juego de palabras. Lo verdaderamente importante es que el anuncio se convierta en maquinaria trabajando, diseños definidos, recursos asegurados, cronogramas públicos y una solución técnicamente sostenible. La Mojana no necesita otra fotografía presidencial frente al problema. Necesita resultados. Y hay una frase del propio mandatario que resume el desafío: dijo que no quiere un Gobierno que responda con oficios, sino uno que responda con soluciones. Esa afirmación obliga a que Caregato sea medido precisamente con ese criterio. Los mojaneros tienen razones para recuperar la esperanza, pero también tienen derecho a exigir seguimiento. La esperanza no puede convertirse nuevamente en frustración. Cerrar Caregato no significa únicamente controlar el agua. Significa devolverle tranquilidad al campesino, proteger la ganadería y la agricultura, recuperar la confianza de quienes producen y permitir que miles de familias puedan mirar el futuro sin preguntarse cada invierno hasta dónde llegará el agua. El anuncio presidencial es importante. Ahora viene la parte difícil: cumplirlo.
La Mojana ya escuchó demasiadas promesas. Esta vez espera hechos.Y si el Gobierno de El Tigre logra convertir su compromiso en una solución definitiva, Caregato dejará de ser el nombre de una tragedia repetida para convertirse en el punto de partida de una nueva historia para La Mojana.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo