Seguridad ganadera: una alianza que comienza a tomar forma en Sucre EL Coronel Carlos Andrés Giraldo Duque asumió el mando de la Brigada XI del Ejercito el pasado 31 de agosto en Montería, ayer estuvo en San Marcos reafirmando su compromiso con la Gobernadora Lucy García Montes y los municipios de Sucre dentro de su jurisdicción.
La seguridad del campo no puede seguir siendo un asunto secundario. Para el ganadero, la protección de sus animales significa defender su patrimonio, su trabajo y, en muchos casos, el esfuerzo construido durante generaciones. Por eso, la reunión sostenida hoy en San Marcos entre el comandante de la Decima Primera Brigada del Ejército Nacional, coronel Carlos Andrés Giraldo Duque, la gobernadora de Sucre Lucy Inés García Montes, y autoridades militares de la jurisdicción, tiene una importancia que trasciende la fotografía institucional.
El coronel Giraldo Duque, acompañado por el mayor Adel Arcenio Algarín Genes, comandante encargado del Batallón de Infantería Liviana N.° 33 Junín, expuso la disposición de las tropas para fortalecer la seguridad en los ocho municipios de Sucre bajo responsabilidad operacional de esta unidad: Sucre, Majagual, Guaranda, Caimito, San Marcos, San Benito Abad, La Unión y El Roble. El mensaje central fue directo: las tropas están en alerta y comprometidas con enfrentar delitos que golpean especialmente al sector ganadero, entre ellos el abigeato y el carneo. La seguridad rural exige presencia, inteligencia, reacción y coordinación, pero también necesita algo que ninguna institución puede obtener por sí sola: información oportuna desde el territorio.
En ese punto aparece una herramienta que viene tomando fuerza: la estrategia de Seguridad y Apoyo al Gremio Ganadero, SAGG, concebida para facilitar la comunicación entre productores y Fuerza Pública. La experiencia reciente demuestra que cuando la información circula rápidamente y existe articulación institucional pueden obtenerse resultados concretos. En Majagual, por ejemplo, cuatro reses hurtadas fueron recuperadas tras la activación de mecanismos de comunicación y reacción. La reunión también permitió actualizar la información relacionada con la adjudicación del terreno destinado a una futura base militar en San Marcos, asunto de especial interés para una zona donde la presencia institucional constituye un componente importante de la seguridad rural.

Pero hay otro aspecto que merece reconocimiento: el acercamiento directo de los mandos militares con representantes del sector productivo. El coronel Giraldo Duque y el mayor Algarín sostuvieron encuentros con líderes ganaderos y gerentes de subastas de Sucre y Córdoba, entre ellos Danilo Cantero y Santiago Pérez. Esa interlocución resulta necesaria porque la seguridad no puede diseñarse exclusivamente desde los escritorios. Quienes trabajan diariamente en el campo conocen sus caminos, sus dinámicas y también las señales que pueden advertir una amenaza.
La gobernadora Lucy Inés García Montes, según lo expresado durante el encuentro, manifestó su respaldo a esta clase de mecanismos y resaltó la importancia de que el ganadero active alertas tempranas desde cada predio. Esa participación ciudadana debe entenderse dentro de la legalidad: el productor informa, alerta y denuncia; las autoridades investigan, verifican y actúan conforme a sus competencias. Sucre ya tiene experiencias recientes que muestran la utilidad de esa coordinación. También se han reportado afectaciones y alertas relacionadas con ganado en San Marcos y otras zonas del departamento, lo que mantiene al sector en vigilancia permanente.
La seguridad rural, entonces, no puede ser responsabilidad exclusiva del Ejército o de la Policía. Tampoco puede recaer únicamente sobre los ganaderos. Es una responsabilidad compartida, con funciones claramente diferenciadas. Lo ocurrido en San Marcos deja una conclusión: cuando Fuerza Pública, Gobernación y sector ganadero se sientan en la misma mesa, la seguridad deja de ser un discurso y empieza a convertirse en coordinación. El reto ahora es que esa voluntad se traduzca en presencia efectiva, reacción oportuna, denuncia responsable y resultados medibles. Porque cada res recuperada importa, pero evitar que sea hurtada importa todavía más.
La seguridad del campo comienza precisamente allí: donde el productor deja de sentirse solo y las instituciones entienden que escuchar al territorio también es una forma de protegerlo.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo