Hay noticias que, independientemente de las diferencias políticas, merecen ser recibidas con humanidad. En medio de una agenda nacional marcada por debates, dificultades de orden público, decisiones de gobierno y profundas discusiones sobre el rumbo de Colombia, este martes llegó una información que trae tranquilidad a la familia del presidente Abelardo De La Espriella y a quienes han estado pendientes de la salud de su padre.
Abelardo De La Espriella Juris, padre del mandatario, fue sometido el lunes 21 de septiembre a una cirugía a corazón abierto en la Fundación Cardioinfantil de Bogotá. Este martes, la Presidencia de la República informó que el procedimiento culminó satisfactoriamente y que se encuentra bien, acompañado por su familia y bajo el cuidado del equipo médico. Es una noticia positiva. Y como tal debe recibirse.
La salud no debería convertirse en escenario de confrontación política. Un hombre que enfrenta una intervención cardíaca necesita atención médica, tranquilidad, acompañamiento familiar y, para quienes profesamos la fe cristiana, oración. Las posiciones políticas pueden ser distintas, los debates pueden ser fuertes y las decisiones de un gobierno pueden y deben ser examinadas por la ciudadanía y por la prensa, pero el dolor o la enfermedad de un padre pertenecen primero al ámbito humano y familiar. En los días previos a la intervención, De La Espriella Juris había pedido públicamente oraciones por su salud. La información conocida señalaba que enfrentaba una afección cardíaca y que los médicos habían determinado la necesidad de realizar el procedimiento.
Hoy, afortunadamente, el parte oficial permite respirar con mayor tranquilidad. El presidente Abelardo De La Espriella agradeció las numerosas expresiones de solidaridad, afecto y buenos deseos recibidas durante este proceso. También destacó el trabajo del equipo médico, asistencial y humano de la Fundación Cardioinfantil, institución que acompaña la recuperación de su padre. Detrás de la figura presidencial existe un hombre que también es hijo. Y detrás de los discursos, las decisiones de Estado y las responsabilidades propias de la Casa de Nariño existe una familia que, como cualquier otra familia colombiana, enfrenta momentos de angustia cuando uno de sus integrantes atraviesa una situación delicada de salud. Por eso, hoy corresponde valorar la buena noticia.
Desde esta columna quiero expresar un mensaje de solidaridad a la familia De La Espriella y, especialmente, desear una recuperación completa y tranquila para Abelardo De La Espriella Juris , quien fue mi Profesor de Derecho Administrativo en La Universidad del Sinú en Montería. Que los médicos continúen haciendo su trabajo con sabiduría, que la recuperación avance favorablemente y que la familia pueda encontrar serenidad en estas horas. Los colombianos necesitamos recuperar también la capacidad de reconocer las buenas noticias, incluso cuando ocurren alrededor de personas con las que podemos tener coincidencias o diferencias políticas.
La política divide opiniones; la enfermedad nos recuerda nuestra condición humana.
Hoy hay una razón para agradecer a Dios: una cirugía delicada terminó satisfactoriamente y un padre permanece acompañado de los suyos mientras avanza su recuperación. Que Dios bendiga a Abelardo De La Espriella Juris, fortalezca a su familia y permita que pronto pueda regresar plenamente a su vida cotidiana. A veces, en medio de las grandes discusiones nacionales, una buena noticia familiar también merece ocupar un espacio. Y esta, sin duda, lo merece.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo