Hay instituciones educativas que son mucho más que aulas, tableros y patios. Son parte de la memoria de una ciudad. El Liceo Panamericano de Sincelejo es una de ellas.
En febrero de 1966, ya hace exactamente seis décadas, un educador visionario decidió convertir un sueño pedagógico en una realidad que terminaría dejando huella profunda en Sucre y en la región Caribe: el licenciado Arturo Sebá Rodríguez fundó el Liceo Panamericano. Arturo Sebá Rodríguez, nacido en Morroa y fallecido en Sincelejo en 2021 a los 84 años, dedicó buena parte de su existencia a la educación. Se formó inicialmente en la Escuela Normal de Varones de Corozal y posteriormente obtuvo en la Universidad Pedagógica de Tunja el título de Licenciado en Ciencias Sociales. Antes de crear su propia institución, ejerció como docente de tiempo completo en el Instituto Nacional Simón Araujo entre 1963 y 1965.
Pero Sebá no se conformó con enseñar. Quiso construir una institución con identidad propia, disciplina, exigencia académica y formación integral. Así nació aquel proyecto que comenzó labores el 4 de febrero de 1966, en un inmueble de la calle 20 de Sincelejo. En su primer año recibió centenares de estudiantes entre primaria y bachillerato, incluso con alumnos internos. El nombre tampoco fue producto del azar. Por aquellos días Colombia se preparaba para los Juegos Panamericanos de Cali y la denominación Liceo Panamericano terminó convirtiéndose en el nombre de una institución que habría de trascender generaciones.
La historia avanzó con perseverancia. En 1975 se graduó la primera promoción de bachilleres, integrada por 46 estudiantes. A partir de allí comenzó una larga tradición de formar jóvenes que posteriormente se abrirían camino en distintas profesiones y actividades de la vida pública y privada. El sueño también creció físicamente. En 1988 se adquirió un terreno de cinco hectáreas en el sector de Las Colinas, sobre la salida hacia Corozal, al que posteriormente se sumaron otras tres hectáreas. En 1990 comenzó la construcción de la nueva sede y, desde 1991, los estudiantes fueron trasladándose progresivamente al Liceo Panamericano Campestre, consolidando uno de los proyectos educativos privados más reconocidos de Sincelejo.
La obra de Arturo Sebá no terminó en la construcción de edificios. Su preocupación permanente fue innovar en la enseñanza. Una muestra memorable fue el llamado “Túnel de EL TIEMPO”, una colección de páginas históricas del periódico que convirtió los pasillos del colegio en una especie de recorrido por la historia contemporánea. La iniciativa despertó el interés investigativo de estudiantes, docentes e incluso historiadores del departamento Su trayectoria trascendió las fronteras del colegio. Fue presidente del Club Rotario de Sincelejo y gobernador del Distrito Rotario durante el período 1982-1983. También escribió obras relacionadas con su pensamiento educativo, entre ellas Conversación en el aula. Su labor fue reconocida por el Senado de la República y la Alcaldía de Sincelejo, y fue nominado al Doctorado Honoris Causa en Filosofía de la Educación. Y quizás allí está la verdadera dimensión de su legado: formar seres humanos antes que simplemente entregar diplomas.
Este año, sesenta años después, el nombre Panamericano continúa asociado con disciplina, responsabilidad, conocimiento y formación integral. Su filosofía institucional concibe al estudiante como un ser individual, social, cultural y espiritual, con capacidad de servicio. Sesenta años son seis décadas de maestros, estudiantes, padres de familia, trabajadores y generaciones enteras construyendo una historia común. Por eso, al conmemorar este aniversario, también es justo mirar hacia atrás y recordar al hombre que encendió la primera lámpara.
Hoy el Liceo Panamericano que nación en la edificación de la calle 20 en el centro de Sincelejo contiguo al parque sobrevive, pese a que nació de su seno el Panamericano campestre, aun así el LIPANCE seguirá siendo para mí y para muchos el LICEO PANAMERICANO, A su actual rector Arturo Tomas Seba Guerra, nuestro más sincero saludo, a su planta docente, administrativa y estudiantes, éxitos y mil bendiciones, habrá LIPANCE para rato.
Arturo Sebá Rodríguez sembró una semilla en 1966. Hoy, sesenta años después, el Liceo Panamericano es el árbol. Y sus frutos son miles de hombres y mujeres que llevan por Colombia y por el mundo el sello de una educación que entendió desde el principio que formar bachilleres es, sobre todo, formar ciudadanos para la vida. Felices 60 años, Liceo Panamericano. La historia apenas continúa. Soy orgulloso Panamericano.