
La llegada del presidente Abelardo De la Espriella a Sucre encuentra al departamento en una coyuntura que no admite indiferencia. Mientras las autoridades se reúnen hoy en Coveñas para revisar los principales problemas del territorio, en el campo sucreño hay una preocupación que se ha convertido en clamor: la seguridad del gremio ganadero.
El abigeato, el carneo, el hurto de semovientes, las amenazas y otras modalidades que afectan la actividad rural no son simples delitos contra el patrimonio. Golpean directamente la economía de familias que durante décadas han construido sus proyectos de vida alrededor de la ganadería. Lo ocurrido recientemente con el hurto de decenas de animales en zona rural de Galeras volvió a demostrar que la situación alcanzó un punto crítico. Cuando un productor puede perder en una sola noche el fruto de años de trabajo, estamos frente a un problema que requiere una respuesta institucional de alto nivel. Por eso hemos insistido desde este medio en un SOS para el campo sucreño. Y hoy ese SOS coincide con la primera visita oficial del presidente De la Espriella a Sucre desde su posesión. Es una oportunidad para que el Gobierno Nacional mire directamente hacia municipios como Galeras, San Benito Abad, Caimito, San Marcos y otros territorios rurales donde la seguridad dejó de ser una preocupación ocasional para convertirse en una necesidad permanente.
“Pero sería injusto desconocer que, frente a esta problemática, también han surgido iniciativas que merecen ser reconocidas” La estrategia SAGG Caribe (Seguridad y Apoyo al Gremio Ganadero) se ha convertido en un instrumento de articulación entre productores y Fuerza Pública en Sucre y Córdoba. Su esencia es sencilla, pero poderosa: que el ganadero no permanezca aislado frente al delito y que la información llegue oportunamente a quienes tienen la responsabilidad constitucional de actuar. SAGG no pretende reemplazar a la Policía, al Ejército, a la Armada ni a la Fiscalía. Tampoco es una autoridad paralela. Es un mecanismo de cooperación, comunicación y alerta temprana que permite acercar al sector productivo a las instituciones. Y cuando esa comunicación funciona, los resultados pueden aparecer. Alertas de ganaderos han permitido activar procedimientos, recuperar semovientes y orientar operaciones de la Fuerza Pública. Esa experiencia demuestra que el conocimiento del territorio que tienen quienes viven y trabajan en el campo puede convertirse en una herramienta valiosa para combatir las estructuras dedicadas al robo de ganado. Pero SAGG tampoco puede cargar solo con una responsabilidad que corresponde al Estado. La estrategia necesita respaldo institucional, canales permanentes de comunicación, investigación judicial, controles sobre movilización y comercialización de semovientes y una acción contundente contra quienes hacen posible que el ganado hurtado termine ingresando al mercado legal. Porque el problema no es solamente quién se roba una res. Hay que establecer quién organiza, quién transporta, quién compra, quién comercializa y quién facilita la legalización del producto del delito. Ese es el verdadero desafío.
Presidente De la Espriella: Sucre necesita que este problema sea asumido como una prioridad de seguridad rural. El campo no puede convertirse en territorio de incertidumbre mientras quienes producen riqueza viven contando sus animales antes de dormir. La visita a Coveñas debe dejar algo más que fotografías y reuniones. Debe dejar compromisos verificables. Sucre ha hablado. Los ganaderos han hablado. SAGG ha demostrado que la articulación es posible.
Ahora le corresponde al Estado responder. Porque proteger al ganadero también es proteger el empleo rural, la economía regional, la propiedad privada y la tranquilidad de miles de familias. Y frente al delito, el campo sucreño ya no pide discursos. Pide seguridad, justicia y resultados.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo